Albatros

Invierno

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Jesús Ollero ollerista
03 nov 2021 / 04:00 h - Actualizado: 03 nov 2021 / 04:00 h.
"Energía","Cambio climático","Invierno","Albatros"
  • Foto: EFE
    Foto: EFE

Conozco a poca gente a la que le guste el invierno, y aún me asombro cuando alguna persona intenta convencerte de las ganas que tiene de que se vaya el calor y llegue el frío. Mi-no-entender... Cierto que los inviernos cada vez son más ligeros y más cortos, y que el verano intenso pasa más o menos rápido pero el verano relativo dura muchísimo en el sur. Lo que ocurre es que este invierno, haga más o menos frío, va a resultar bastante más desagradable de lo habitual. Hace pocos días tuve oportunidad de escuchar a un grupo de expertos en energía y me temo que las existencias de forros polares del Decatlón se van a agotar.

Y no porque vaya a hacer más frío de lo habitual, sino porque estar confortable en casa va a resultar más caro que nunca, y mucho tiempo además. El gas está disparado y la previsión es que hasta abril, al menos, esté muy caro, con lo que la electricidad en general va a seguir destrozando nuestra economía casera.

Otro elemento muy interesante es que las energías limpias, base del futuro energético y electrificado de nuestro país, no son suficientes para cubrir la demanda necesaria para las 24 horas de los 365 días del año. Siendo optimista, se llegaría al 70% con un sistema de redes eficiente que permitiera aprovechar al máximo la renovables. ¿De dónde sacar el 30% restante? Sigue abierto el debate de las nucleares y lo estará aún más una vez que se le dé el tiro de gracia a los combustibles fósiles.

En plena cumbre del cambio climático, me pregunto por qué ni las energéticas, ni los gobiernos ni los ecologistas explican de verdad, de manera comprensible y pedagógica, cuál es la realidad energética de un país como el nuestro que depende de los mercados hasta el punto de ser un rehén indefenso de territorios en muchos casos a años luz en desarrollo y en potencial económico. Y, sobre todo, cuáles son las alternativas reales para no ser tan dependiente y ser más eficiente, verde y competitivo en este plano.

España va a ser un país verde y electrificado, y me parece perfecto, pero las energéticas harían bien en gastarse una milésima parte de la millonada de beneficios que han ganado, ganan y ganarán en que la gente que quiera escuchar comprenda qué puñetas está pasando y qué se nos viene encima.

Me hace casi gracia (he dicho casi) cuando escucho a miembros del gobierno central (presidente a la cabeza) insistir en que a final de año nuestro gasto en energía será similar al de 2018. Algo debo estar haciendo mal, ya que a partir del recibo de octubre mi gasto había sobrepasado el de ese año. O sea, que todo lo que gaste en otoño (de octubre a final de año) excederá lo que pagué entonces. Como diría el castizo, no me jodas.


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