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La escoba y la estameña

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04 nov 2017 / 23:36 h - Actualizado: 04 nov 2017 / 23:38 h.
"La apostilla"
  • La escoba y la estameña

Acabamos de vivir la fiesta de Todos los Santos, una solemnidad en la que toda la Iglesia conmemora a esa multitud de almas que, ya glorificadas, interceden por nosotros y nos alcanzan de Dios su misericordia y protección. Son los Fieles Difuntos, seguidamente, los que habitan nuestro recuerdo y visten de color morado la liturgia, en un contrapunto que hay que conocer para entender que el día 1 de noviembre es una fiesta grande y llena de alegría aunque sólo la separe una noche de la conmemoración de los Fieles Difuntos.

Pero este fin de semana el santoral nos da lecciones hasta a los que no esperábamos más que seguirlas impartiendo. En los días en los que el Círculo Mercantil nos muestra las devociones marianas andaluzas y extremeñas que tienen hermandad en Sevilla, y al mismo tiempo la Diputación Provincial se abre a la Semana Santa y el Turismo Religioso (ambas muestras terminan hoy), los santos que dominan el calendario son, con San Carlos Borromeo, los humildes servidores y religiosos Martín de Porres y Ángela de la Cruz.

A nosotros, Carlos nos suena a Cardenal, pero a Cardenal Amigo Vallejo, con la cercanía y la sencillez que tienen los franciscanos en su hábito y en su modelo de vida. Aun siendo príncipe, Amigo, el riosecano, ha vivido y vive nada más que para servir. Se funden en él las figuras del pobre San Martín y de la celestial Santa Ángela, una sencillez duplicada que bien nos viene considerar en esta apostilla. Nunca antes una escoba y un sayal habían llegado tan alto, habían alcanzado el rango de ser, en la iconografía de ambos, elementos venerandos, subidos a los altares para acompañarles.

Muchas veces nos faltan escobas y estameñas. Escoba, no para barrer lo sucio y lo equivocado a fin de que le caiga a otro, sino que acumulándolo nosotros privemos a los demás de esos yerros. Estameñas, para percibir en nuestra piel las imperfecciones y bastezas de los otros, y hacerlas nuestras a base de rozarnos con ella trabajando y cultivando lo mejor de nosotros. Hoy la escoba y la estameña reemplaza al báculo, a la mitra, a la corona y a la espada...pero se tornan, como todo esos, en signo de poder y dominio bien entendido y bien ostentado, del poder que otorga, a quienes lo eligen como norma de vida, el servicio sin condiciones.

Hay que pedirle al Señor escobas y estameñas, para que aquello que nos hace equivocarnos, sobre todo cuando nos empeñamos en servir, nos sirva para crecer en la fe y en la conciencia de nuestra humanidad pobre y muchas veces torpe e inútil. Bendito San Martín y bendita Santa Ángela, enseñadnos cuánto de santidad tienen vuestra estameña y vuestra rústica escoba para acercarnos a los hermanos, para acercarnos a Jesús Resucitado.


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