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La crisis de los refugiados es la crisis de la humanidad

La situación de Proem Aid plantea la pregunta urgente de cuánto ha progresado la UE en la gestión de la afluencia de migrantes que han llegado a sus costas desde 2015. Ese año, Europa fue testigo de escenas caóticas de miles de migrantes

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04 may 2018 / 19:59 h - Actualizado: 04 may 2018 / 22:22 h.
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  • La crisis de los refugiados es la crisis de la humanidad

El caso de los tres bomberos sevillanos, voluntarios de la organización Proem Aid, que se enfrentan a diez años de cárcel acusados de tentativa de inmigración ilegal por sus labores de rescate de refugiados en la isla de Lesbos, ha desatado una auténtica oleada de solidaridad en las redes sociales. Dejamos constancia de nuestro apoyo a la concentración del próximo lunes 7 de mayo –a las 11.00 de la mañana– en la Plaza Nueva de Sevilla en solidaridad con estos activistas.

La situación de Proem Aid plantea la pregunta urgente de cuánto ha progresado la UE en la gestión de la afluencia de migrantes que han llegado a sus costas desde 2015. Ese año, Europa fue testigo de escenas caóticas de miles de migrantes que desembarcaron en las playas y se concentraron en las fronteras. La canciller alemana, Angela Merkel, indignada por las imágenes de migrantes hambrientos en campamentos en suelo europeo, prometió que cualquier persona que pudiera llegar a Alemania podría solicitar asilo allí.

El número de recién llegados no representaba en sí una presión significativa; incluso en su apogeo en 2015, cuando un millón de personas arribaron a las costas griegas e italianas, los refugiados representaban menos del 0,5 por ciento de la población de la UE. Pero los movimientos ultranacionalistas aprovecharon el pánico demográfico y la retórica antimigrante se convirtió en su grito de guerra, azuzando el miedo a que militantes islamistas pudieran utilizar la confusión como cobertura para introducirse en las capitales europeas.

La crisis jugó un papel clave en la votación del brexit en 2016 y condicionó las elecciones en Holanda, Francia y Alemania en 2017. Incluso cuando los resultados no llegaron a ser los esperados para muchos de estos partidos, sirvieron para escorar a los partidos conservadores hacia la derecha y contribuyeron a sus buenos resultados electorales. Como resultado, la retórica nacionalista excluyente ha vuelto al centro de la escena política europea amenazando la propia identidad de una Unión creada para evitar a toda costa otra devastadora guerra provocada por nacionalismos rivales.

La mal llamada crisis de refugiados no ha terminado. Aunque el número de solicitantes de asilo que llegan a Europa ha disminuido a una fracción de las llegadas de 2015 mediante una combinación de medidas de disuasión, detenciones y deportaciones, más de 163.000 inmigrantes y solicitantes de asilo aún llegaron por mar en 2017. Más de 3.000 murieron en el intento. Más de dos años después de que la imagen de un niño sirio ahogado en una playa turca rebotara alrededor del mundo como un recordatorio indeleble del costo de la desesperación humana, los inmigrantes siguen muriendo en el Mediterráneo. Alrededor de 200.000 solicitantes de asilo y migrantes siguen siendo retenidos en condiciones pésimas en Grecia e Italia, a la espera de la resolución de sus casos. Las acciones de organizaciones como Proem Aid o Proactiva Open Arms, que se sustentan con la solidaridad de la ciudadanía europea, además de salvar vidas, son un recordatorio permanente de la parálisis de la UE.

La ausencia de una verdadera política de protección de las personas refugiadas probablemente implique que la región tenga que enfrentar un fenómeno migratorio mayor en un futuro cercano, habida cuenta de la creciente escalada del conflicto en Oriente Medio, pero también de la presión del cambio climático o el deterioro de la situación de los derechos humanos en varios países africanos.

El principal esfuerzo de la Unión desde 2015, el programa de reubicación, ha sido injusto e ineficaz, amén de profundamente impopular. A finales de 2017, solo 21.531 solicitantes de asilo habían sido reubicados, de 63.000 comprometidos por los estados miembros mediante el sistema de cuotas. Según Amnistía Internacional, España, que debía acoger a 15.888 solicitantes de asilo, solo habría reubicado a 1.328 personas.

Después de abrir sus puertas a los refugiados en 2015, Alemania ahora está experimentando una reacción política negativa. Merkel ha visto como en Alemania, 88 años después, la ultraderecha vuelve a liderar oposición en el Bundestag.

La crisis de los refugiados ha abierto también una brecha entre los estados más pequeños del Este y los más grandes, principalmente occidentales. Muchos de los primeros han aceptado a regañadientes las cuotas establecidas por la UE; Hungría, Polonia y Eslovaquia se han negado a aceptar a ningún refugiado. El ultraconservador nacionalista primer ministro de Hungría, Viktor Orban, se ha convertido en uno de los mayores críticos de la política migratoria de toda la UE aupado en las urnas con su exigencia de construir un muro en la frontera europea. Solo Eslovaquia ha cedido finalmente a las presiones de la Corte Europea de Justicia.

Los estados miembros están en plena negociación de una política actualizada que persigue facilitar la entrada legal de migrantes, a fin de desalentar el uso de rutas de contrabando. Mientras tanto, quiere llegar a acuerdos con países del Medio Oriente y África para repatriar a los solicitantes de asilo que han fracasado y forjar un sistema de cuotas más permanente. Alemania apoya firmemente la propuesta, y también Francia, pero países como Hungría y Polonia no quieren que sus políticas migratorias se impongan desde Bruselas o Berlín, y en su lugar quieren endurecer los controles fronterizos.

Esta nueva política, que mantiene, como la anterior, la lógica discursiva de los derechos humanos, no altera lo fundamental: que otras preocupaciones, como la seguridad nacional y la protección económica, seguirán siendo más relevantes y deberán tener prioridad. Esto no sólo servirá para engendrar más rechazo hacia la población refugiada, sino que mantendrá la gran brecha entre las necesidades de protección de las personas refugiadas y lo que los estados están dispuestos a brindar. Éste es el quid de la verdadera crisis para las personas refugiadas.

Sin embargo, ni las violaciones de derechos humanos llevadas a cabo por mafias o estados detendrán la migración. Sólo la harán más difícil y peligrosa. Y las políticas fallidas o distorsionadas en sus prioridades seguirán poniendo en peligro la vida de los refugiados y el derecho humano a migrar.

Debemos enfrentar estos desafíos. Los refugiados no son sólo un problema de 2015 o 2018, sino una realidad del mundo contemporáneo. Como dijo Zygmunt Bauman: «La crisis de los refugiados es la crisis de la humanidad». Es esencial repensar la lógica de la gobernanza de la migración, de tal manera que, cada acción política esté guiada por el respeto y la aplicación de los derechos humanos. Cuando así se haga podremos decir que los derechos de los refugiados están siendo respetados.


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