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La dimensión internacional y el Bien Común

04 feb 2019 / 08:53 h - Actualizado: 04 feb 2019 / 09:13 h.
  • La dimensión internacional y el Bien Común

Si de verdad se quiere construir un mundo más humano es muy importante trabajar por lograr alcanzar que la dignidad de cada persona sea el eje central del motor económico y de la energía política.

Son diversos agentes los que tienen que liderar este objetivo porque es responsabilidad de cada uno de nosotros colaborar positivamente para que esto sea posible.

El Papa Francisco lo dejó claro hace unos días en Panamá y en la reflexión realizada en la Vigilia de Oración con los jóvenes, dijo lo que recojo en el siguiente texto: "El amor del Señor es más grande que todas nuestras contradicciones, fragilidades y pequeñeces, pero es precisamente a través de nuestras contradicciones, fragilidades y pequeñeces, como Él quiere escribir esta historia de amor. Abrazó al hijo pródigo, abrazó a Pedro después de sus negaciones y nos abraza siempre, siempre, después de nuestras caídas ayudándonos a levantarnos y ponernos de pie. Porque la verdadera caída, atención a esto, la verdadera caída, la que es capaz de arruinarnos la vida es la de permanecer en el piso y no dejarse ayudar"

Somos protagonistas de nuestra historia, por esta razón deberemos construir un relato que alcance la dignificación de las personas; podemos tener dificultades; pero no podemos perder de vista la meta a la que tenemos que llegar: trabajar por un mundo más fraterno; por esta razón el dejarse ayudar es una variable esencial en la historia de cada uno de nosotros.

Esto sirve también para todos aquellos que dedican su vida a la economía y a la política. Ambas realidades son necesarias para que nuestro mundo esté basado en los principios del Bien Común.

Por mi parte estoy convencido que, si bien existen situaciones muy críticas, existen agentes implicados en actuar como El Padre que "abrazó el hijo pródigo", y que con esta manera de proceder pueden animar a los responsables económicos y a los que ejercen el servicio de la política a establecer procedimientos que ayuden a construir una sociedad más justa.

Recientemente he tenido la oportunidad de conocer proyectos solidarios en Honduras y en Guatemala. He podido percibir en las cooperativas visitadas y dedicadas a la producción del café a personas llenas de energía, esperanzadas en que su proyecto empresarial cooperativo pueda ayudar a cada una de ellas a mejorar su vida. Tienen ilusión y se implican, a través de un compromiso dinámico, en lograr la dignificación que toda persona se merece. En muchas de estas cooperativas está la presencia de la Iglesia Católica a través de Cáritas Honduras haciendo que las personas puedan comprometerse en construir un proyecto que pueda dar sentido a sus vidas. Son proyectos que transforman la realidad social porque se convierten en motores económicos que buscan una energía constructiva en los políticos. Se trata de entrelazar una "historia de amor" como el Papa Francisco ha transmitido a los jóvenes.

Son proyectos dinámicos porque aportan soluciones a miles de familias dando apoyo a programas educativos, nutricionales y sanitarios. Son un soporte, hoy por hoy, preciso y necesario para que niños, jóvenes y adultos puedan alcanzar el objetivo de la dignificación. Sentirse parte de un proyecto de estas características es ilusionante porque explícita tener la posibilidad de aportar un granito de arena a la construcción de un mundo más humano. Construir una empresa desde esta dimensión es hacer que el Bien Común pueda fluir de manera natural en el complejo mundo de la economía.

Benedicto XVI en su encíclica Cáritas in Veritate nos anima a que la economía sea una herramienta positiva alejada del egoísmo y los intereses particulares "La Iglesia sostiene siempre que la actividad económica no debe considerarse antisocial. Por eso, el mercado no es ni debe convertirse en el ámbito donde el más fuerte avasalle al más débil. La sociedad no debe protegerse del mercado, pensando que su desarrollo comporta ipso facto la muerte de las relaciones auténticamente humanas. Es verdad que el mercado puede orientarse en sentido negativo, pero no por su propia naturaleza, sino por una cierta ideología que lo guía en este sentido. No se debe olvidar que el mercado no existe en su estado puro, se adapta a las configuraciones culturales que lo concretan y condicionan. En efecto, la economía y las finanzas, al ser instrumentos, pueden ser mal utilizados cuando quien los gestiona tiene sólo referencias egoístas. De esta forma, se puede llegar a transformar medios de por sí buenos en perniciosos. Lo que produce estas consecuencias es la razón oscurecida del hombre, no el medio en cuanto tal. Por eso, no se deben hacer reproches al medio o instrumento sino al hombre, a su conciencia moral y a su responsabilidad personal y social".

La economía comporta unas relaciones internacionales, por esta razón es responsabilidad de los políticos el lograr que ésta responda a principios éticos, de tal manera que se convierta en una herramienta eficiente y eficaz en la transformación de las realidades sociales existentes en nuestro mundo.

Mi estancia en Guatemala fue de gran riqueza personal, sin esperarlo tuve un gran regalo: participar en la celebración eucarística de la Festividad de San Juan Bosco. Santo referente de la juventud, que la comunidad salesiana celebraba en su colegio de Ciudad de Guatemala. Más de 1.500 alumnos en esta realidad educativa, sin duda un ejemplo más de la labor que la Iglesia realiza en el mundo. Percibí entusiasmo ¡cómo vivían los jóvenes esta fiesta! Ellos son, sin lugar a dudas, la esperanza de un país que quiere transformarse y que cada joven allí presente trabaja con ahínco para lograrlo. Estos jóvenes presentaron ante todos los que estábamos presentes en Proyecto Educativo que les servirá como guía para el curso académico que empezaba.

Pero la mañana me tenía reservada otra experiencia inolvidable, poder visitar la obra de las Hermanas de María. Institución fundada por el venerable Aloysius Schwartz. En la misma se forman más de 1.400 jóvenes que aspiran a labrarse un futuro con esperanza.

Ambas son obras nacidas en el corazón de la Iglesia. Una Iglesia que es universal; pero que actúa desde lo próximo y lo cercano. Lo hace en el corazón de cada persona porque entiende que es la mejor manera de poder construir un mundo más humano.

Como Vds. pueden comprobar la dimensión internacional y el Bien Común ligado a la misma puede tener distintas perspectivas. Es mucho más que las relaciones políticas existentes entre los diversos países que forman parte de la comunidad internacional. Todos los actores son protagonistas y necesarios; pero no conviene olvidar que cada uno de éstos puede aportar, desde la responsabilidad y el compromiso, los elementos necesarios para cambiar el mundo. Los actores que yo he conocido recientemente, en Honduras y Guatemala, son un ejemplo a tener en cuenta porque, de manera silenciosa y humilde, son los que están logrando que el mundo pueda ser más generoso y más humano.

De estos actores casi nadie habla en las revistas especializadas de economía y política, y sin embargo, son el potencial más seguro para que la política y la economía puedan afianzarse en los parámetros democráticos y en el ejercicio de un reparto de la riqueza equilibrado y justo. Son ejemplo de los principios del Bien Común.

Siendo la política importante, la economía es, sin dudarlo, un bien esencial para lograr alcanzar la dignificación de las personas. En Honduras, los proyectos cooperativos, son un motor económico; en Guatemala, los proyectos educativos, son la base formativa para hacer que el trabajo de los jóvenes sea un modelo de transformación social. Por esta razón es necesario estar atentos a lo que nos señala la encíclica antes citada para que la economía pueda ser un elemento constructivo . "La doctrina social de la Iglesia sostiene que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad, también dentro de la actividad económica y no solamente fuera o «después de ella. El sector económico no es ni éticamente neutro ni inhumano o antisocial por naturaleza.

Es una actividad del hombre y, precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada éticamente”

La próxima semana reflexionaré sobre la figura del Cardenal Spínola por cumplirse 120 años de la existencia de El Correo de Andalucía.


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