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La esperanza en un juramento

19 nov 2016 / 00:07 h - Actualizado: 19 nov 2016 / 00:07 h.

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Por fin! Casi un año ha pasado y al fin tenemos Gobierno. Nuestro sistema político vuelve a funcionar con la normalidad necesaria para no entorpecer la vida de los sufridos ciudadanos. Casi un año de interinidad que, para ser sinceros, no ha afectado en demasía a la difícil cotidianidad de muchos españoles.

Llegados a este punto, qué podemos esperar o exigir de nuestros nuevos dirigentes. Todo ser humano en su actividad debe marcarse objetivos claros y realizables. Es triste ver cómo desperdiciamos nuestras preciosas vidas sin un foco claro, consumiendo esfuerzos que no nos llevan a ninguna parte.

Me atrevo a lanzar un objetivo principal que debiera estar en la mente de los recién nombrados ministros de la nación: el bien común. Sería fantástico que sus responsabilidades diarias estuvieran encaminadas a hacer a sus conciudadanos cada vez más felices, inconformistas y luchadores. Y todo al amparo de un comportamiento ejemplar basado en las premisas mínimas del trabajo, la constancia y la honradez. Son el camino perfecto para alcanzar nobles metas.

Si fuéramos capaces de instaurar, también en nuestros dirigentes, la cultura del esfuerzo veríamos como a través de éste se llega a la felicidad. La satisfacción por el trabajo realizado. Veríamos como iría creciendo el número de personas que salen de la atonía por el noble afán de progreso. Asistiríamos a la eclosión de un nuevo grupo social de luchadores que buscan destacar en la desesperante mediocridad en la que nos movemos.

Exijamos, en esta nueva etapa, el desarrollo de un verdadero bien común y no perdamos la esperanza. La gran mayoría de ministros han jurado ante Dios sus cargos, debiera ser un plus de responsabilidad y una garantía de recta actuación. A nosotros nos podrán engañar pero a Él...


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