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La vida del revés

La felicidad de Simon Biles, la de usted y la de todos

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28 jul 2021 / 11:10 h - Actualizado: 28 jul 2021 / 18:19 h.
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  • La felicidad de Simon Biles, la de usted y la de todos

Aquí venimos a cuidar unos de otros, a intentar ser felices y a morir. Ni más ni menos. Por tanto, si no somos capaces de cuidar de terceros o los demás no cuidan de nosotros; si no somos felices (al menos a nuestra manera) o si no asumimos que esto tiene fecha de caducidad; estamos apañados y la vida se convierte en un enorme desierto.

No sé cómo alguien puede llegar a ser feliz; ni siquiera sé qué es eso que llamamos felicidad; pero tengo muy claro algunas cosas que impiden a las personas sentirse así (sea lo que sea eso para cada uno de nosotros). Por ejemplo, no podemos alcanzar el estado de felicidad si hacemos todo pensando en los demás u obligados por las circunstancias. Un joven que se ve abocado a estudiar medicina o arquitectura o lo que sea, presionado por sus padres (que son médicos o arquitectos o lo que sea), en contra de su voluntad, está condenado a ser un desgraciadito. Una persona que deja de disfrutar haciendo lo que más le gusta a causa de presiones externas, pensando en otros y no en sí mismo, está condenada a ser infeliz. Hacer las cosas por narices (por las de otro) no funciona nunca. Y sentir el aliento de un tercero a cada paso que se da es insoportable. Nadie puede soportar algo así de forma constante.

Pues, como le pasará a usted también, yo no puedo imaginar lo que supone que ese aliento o esa presión sea la de millones de personas que esperan de ti que hagas no sé qué cosa, que seas capaz de superarte a ti mismo cada día que pasa. Si ser feliz tiene que ver con la soledad (a veces), con poder fallar (a veces), con la tolerancia al fracaso (a veces), se hace imposible la idea de serlo (feliz) teniendo pendiente al planeta entero de lo que haces cada minuto que pasa.

La gimnasta Simone Biles ha dicho que hasta aquí ha llegado, al menos, de momento. La presión que siente le impide disfrutar de lo que hace y prefiere levantar el pie. Ya ha triunfado todo lo que se puede triunfar y echa el freno de mano para que su cabeza no deje de funcionar correctamente. Tal vez desea tanto ese éxito y siente tanto miedo por no alcanzarlo que el problema es todo lo contrario al que creemos que es. Los especialistas sabrán lo que hay que hacer en estos casos.

Esta deportista se convierte, así, en el paradigma de lo que es una estrella que no puede dejar de lucir, que sirve de referencia y que no puede parar aunque reviente. La presión en el mundo del deporte es tal que algunos no dudan en doparse para seguir en la élite y no defraudar a otros, es tan brutal esa presión que se hace imposible una vida sencilla y lejos del foco que colocan sobre ti por siempre jamás.

A Simon Biles la cabeza no le ha dado para más. Deja la próxima prueba y ya veremos si vuelve a competir estos días o si prefiere esperar a mejor ocasión. Hace bien esta mujer porque ya ha demostrado todo lo posible a sí misma y al resto de la humanidad; también hace bien si es la angustia y el miedo a fracasar lo que le atenaza. Y porque tiene derecho a ser feliz y a hacer que otros lo sean. Descansando logrará acercarse a eso que añora y nosotros podremos reflexionar sobre lo que significa una sociedad tan exigente, tan soportada sobre un competencia casi patológica que convierte casi todo en un negocio y en robots a las personas.

Suerte, señora Biles, mucha suerte.


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