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La fiesta como problema

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16 jul 2018 / 21:45 h - Actualizado: 16 jul 2018 / 23:00 h.
"Laboratorio ciudadano"

Las despedidas de la soltería se han convertido ya en un problema social y de orden público en muchas ciudades por el comportamiento incívico de sus protagonistas y por el diseño desmedido del propio evento, como ocurre también en bodas y otras celebraciones. Detrás del fenómeno está la insaciabilidad de la industria del ocio, las empresas organizadoras de las fiestas y la ansiedad de los celebrantes por quedar bien aún a costa de caer en el exceso.

Ahora los eventos incluyen el transporte de ida y vuelta para evitar la utilización del coche al regreso, y poder beber todo el alcohol que se quiera. Por eso la brigada móvil de la Policía intervino el otro día y sacó del AVE en Córdoba a los que iban en dirección Málaga a una despedida de soltero y empezaron a darle al jarro en la misma estación de Atocha.

Al paso que vamos, los autobuses que traen de vuelta a los invitados a una boda deberán incluir a un vigilante de seguridad para hacer frente a los altercados que provocan las víctimas de la cinco o seis horas de barra libre posteriores a la cena o al almuerzo nupcial.

Tres horas de barra libre se consideran en la actualidad una tacañería y lo normal es la media docena de horas de cubateo de gañote a cargo de los novios. Las recomendaciones de beber con moderación y responsabilidad rigen sólo para la publicidad y las etiquetas de las bebidas alcohólicas, para el comportamiento personal vamos hacia el desmadre organizado.

Al igual que las reacciones de turismofobia empiezan a extenderse, proliferan ya los rechazos de bares y restaurantes a admitir despedidas de solteros/as y las iniciativas de asociaciones de vecinos para denunciar los actos vandálicos e incívicos de los participantes en fiestas callejeras. La exageración en este terreno puede conducir más pronto que tarde a una cierta fiestofobia si no retornamos a la cordura y la sensatez a la hora de la diversión.

Los ayuntamientos están reaccionado, también, con ordenanzas en las que se multan los disfraces soeces y más videovigilancia en las zonas de concentración festiva.


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