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La historia reída nunca se repite

17 oct 2015 / 00:21 h - Actualizado: 17 oct 2015 / 00:22 h.
"Historia"

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Esta semana ha sido noticia un libro que cuenta el meollo del tránsito entre la Edad Media y el Renacimiento (o sea, los Reyes Católicos y alrededores) con una gracia insondable. Se titula Felipe el Hermoso, anatomía de un crimen, y lo firman David Botello y May Rodríguez Albendea (que es un señor con barbas). En un lenguaje tan antiacadémico como quepa imaginar, como se contaría la historia al cabo de una cena bien regada con caldos nacionales, estos dos investigadores hacen que uno se pregunte dónde estaba el humor en sus años de estudiante. Bueno, básicamente estaba fuera del aula, expulsado por hablar o por cometer alguna tropelía. Ser expulsado de clase solía constituir la teatral desembocadura de todo cuando en el instituto llevaba una brizna de originalidad, de genio, de brío, de entusiasmo. En mi instituto había que ser un formidable ejemplar de capullo para que no te echaran nunca de clase. A mi amigo Alfonso lo largaron porque en las postrimerías de una clase de Griego, con el timbre ya sonado y todo, a la profesora le dio por explicar el verbo ameínon, y él saltó diciendo ameínon ya, home. Entonces no se echaban de menos libros como el de estos dos caballeros, por la sencilla razón de que nunca habían existido. Elevar el conocimiento a la categoría del humor, que es como decir de la comprensión máxima, es un avance de la ciencia muy posterior. Tengo la secreta esperanza de que nuestros tataranietos alcancen esa gloria algún día para que comprendan qué es lo que hay que repetir de la historia y qué no. Eso que nunca nos enseñaron, tan serios ellos.


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