La vida del revés

La imagen de Sevilla y de los sevillanos en grave peligro

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17 ene 2022 / 07:09 h - Actualizado: 17 ene 2022 / 07:13 h.
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Vamos por partes...

Un sujeto lanza un objeto al terreno de juego y alcanza a un jugador. Da igual si es un yunque o una botella de plástico. El hecho de lanzar un objeto con la intención de atinar en el cuerpo de una persona es un peligro. El debate no da para más. Es inexplicable que se busquen gestos de dolor excesivos, que se intente justificar la acción aludiendo al material del objeto o que algunos se lleven las manos a la cabeza porque ‘total, no ha pasado nada’. Tolerancia cero con estas cosas y nada de buscar excusas.

Supongamos que, efectivamente, algún jugador hubiese realizado gestos exagerados para mostrar un dolor inexistente, un mareo fingido o la necesidad de una UCI móvil. Pues estaríamos ante una práctica habitual entre los jugadores de fútbol que parecen siempre dispuestos a engañar al árbitro y a los aficionados. No hubiera sido ninguna sorpresa aunque esta vez la acción del bobo que lanza un objeto elimina cualquier otro detalle posterior. Todo lo que ha pasado en el último partido disputado por el Sevilla y el Betis debería servir para que los aficionados pensaran en lo que ha pasado, pero también para que los jugadores y entrenadores reflexionasen sobre lo que hacen partido a partido.

El partido de fútbol entre los dos equipos más importantes de Sevilla tiene enorme presencia en los medios. Antes, durante y después de celebrarse. Y es un escaparate para el resto de España en el que se puede contemplar lo que es Sevilla y los sevillanos. Es una pena que en las gradas se peguen los aficionados, que un tipejo lance un objeto al terreno de juego, que los jugadores de uno y otro equipo hagan declaraciones gruesas en busca de ‘calentar más el ambiente’, y es una pena que tengamos que ver cómo un jugador se mofa de lo que le ha ocurrido a un compañero de profesión. La violencia es algo que parece imposible de erradicar en los campos de fútbol y la imagen de las ciudades y de los ciudadanos se ven gravemente dañadas a causa de grupos que no deberían poder pisar una grada jamás.

Por último, y entre otras muchas cosas que, si se mencionasen, harían eterna esta columna, el resultado del encuentro está claramente condicionado por todo lo que ha pasado al margen de las tácticas o las habilidades individuales de los jugadores. Y la imagen del fútbol como deporte ha vuelto a salir gravemente dañada.

Un desastre más. Otra excusa más para que se hable mal de Sevilla y de sus gentes. Una vergüenza que parece inevitable aunque sería muy fácil de eliminar si no se permitiese la entrada a los campos de fútbol a un grupo de mequetrefes. Una pena.


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