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«La Isla de la las Tentaciones»: Cuernos, madres chonis peleonas y los valores arrasados

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28 dic 2021 / 17:49 h - Actualizado: 28 dic 2021 / 18:44 h.
"Opinión","Televisión"
  • Mediaset.
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Los realities emitidos en Telecinco se han convertido en el ejemplo de lo que no se puede hacer, de lo que es un auténtico insulto a la condición humana y el refugio para los que creen que el mundo es un estercolero en el que podemos revolcarnos cada día sin pudor alguno y sin tener que ocultarlo.

«La Isla de las Tentaciones» es el mejor exponente de televisión basura, de programa vacío, zafio y prescindible. El espectáculo que supone ver a un grupo de jóvenes bailando, bebiendo, besándose o cualquier otra cosa que no sea (eso nunca) trabajar, leer, pensar o debatir sobre un asunto de importancia, resulta bochornoso. Reunir a un grupo de parejas para que pongan a prueba su amor ya es retorcido y, hasta ayer, no se me ocurría algo peor que eso. Pero sí hay algo que supera lo que parecía el colmo de la superficialidad y la exaltación de la falta de valores: introducir en la ecuación a las madres y padres (la propoprción es de 8 a 1)) para que puedan defender a las hijas e hijos al precio que sea.

Los padres siempre defendieron a los hijos en situaciones difíciles aunque, los normales, los que más abundan por fortuna, ponen las peras al cuarto al hijo que saca los pies del tiesto más de la cuenta para que sepa que ese no es el camino. Pues bien, las madres en este programa deben ser especiales porque ven a su hijo o hija siendo infiel al novio o la novia y lo primero que dice es ‘que disfrute la niña’ (o el niño). Además, no lo dice en un cuarto oscuro y a solas, no, se lo dice al novio o novia víctima del disfrute excesivo o de las hormonas revolucionadas o lo que sea que tenga poseída a la que era su pareja. Por si era poco, hace responsable al cornudo acusándole de haber sido un despreocupado y de jugar mucho con la consola de vídeo juegos. Un sin Dios.

Se puede defender un error, pero sacar pecho para decir que un hijo ha sido un golfo o una hija ha dado una clase magistral de coqueteo con final feliz (sabiendo que la pareja está en una casa cercana viviendo circunstancias parecidas) es un disparate. Porque, vamos a ver, poner los cuernos a la pareja está feo, y es doloroso para el que lo sufre, y es un acto deshonesto y desleal, y se lleva por delante los valores más íntimos y preciosos que atesora una persona; y no hay más, poner los cuernos no mola nada. Ni siquiera para el que los pone puesto que la mala conciencia tiene su peso y no perdona.

Pues bien, el espectáculo de jóvenes viviendo la vida loca, sin pegar un palo al agua, pensando en un futuro que va de plató en plató (por supuesto, sin dar un palo al agua) es difícil de digerir. Escuchar a los padres defendiendo lo imposible resulta repulsivo. Esa señora que decía, al ver a su hija siendo infiel, ‘que disfrute’, debería pensar en por qué no le dijo eso mismo a su marido cuando era jovencito. Si está bien ahora estaría bien entonces ¿no? En fin, no da para mucho esta cochambre moral.

El programa es líder de audiencia en su franja horaria (según la presentadora) y eso dice mucho de en qué tipo de espectadores nos hemos convertido. Una pena, de verdad.


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