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Desvariando

La memoria de Paquirri

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
21 nov 2020 / 08:12 h - Actualizado: 21 nov 2020 / 08:17 h.
"Desvariando"
  • La memoria de Paquirri

Hace años que dejé de ver Telecinco por una cuestión de salud mental y de las tripas. Anoche, repasando los canales buscando alguna película vi a Teresa Rivera, la hermana del gran torero, hablando de las famosas esmeraldas que su hermano trajo al parecer de Colombia y que acabaron siendo de su propiedad algún tiempo después de la tragedia de Pozoblanco. Supongo que Teresa estaba en el programa de Jorge Javier Vázquez por dinero, como todos los que van a esa mugre televisiva. Estos días parece que andan inmersos de nuevo en el asunto de la herencia del maestro de Barbate, la Pantoja y el Pantojito, viendo cómo un hijo machaca y denigra a su madre en público para trincar y divertir a quienes suelen ver estas bazofias. Dios me libre de salir en defensa de la tonadillera, por la que a pesar de lo que me gusta la copla nunca he sentido el más mínimo aprecio. Sí por Paquirri, sin ser muy taurino, pero cuando vivía sí lo era y admiraba su poderío y clase como torero. Una tarde, además, tuvo un detalle conmigo sin conocernos de nada y supe que era persona. Iba en moto a Tomares para hacer mi programa de radio, me pilló una tormenta y me refugié en el portal de su bloque de pisos en Blas Infante, en el recinto ferial. Llovía a mares y hacía un viento que daba miedo, y vi llegar al torero y la tonadillera. Viendo Paquirri que me estaba mojando, abrió el portal y me dijo que podía meter la moto y resguardarme de la lluvia. Estuvo muy amable y jamás olvidé aquel detalle. Cuando lo mató el toro fui a su entierro con los cantaores Luis Caballero y Naranjito de Triana, y el tocaor de guitarra El Poeta. Lloré amargamente y estuve meses sin poderme quitar las imágenes de la mortal cogida y aquellos minutos en la enfermería de la plaza diciéndole al médico, con una sangre fría increíble, cómo de grave era el cornalón. Paquirri no era solo un gran torero, sino un tío de una vez. Ver anoche parte del programa, con su hermana contando sus cosas, su sobrino Canales Rivera, El Soro y toda la plebe de contertulios, era algo superior a mi aguante. Acabé con unas fatigas de muerte y muy lastimado emocionalmente, sin poder dormir. De hecho, escribí el artículo a las tres de la madrugada totalmente asqueado por el hecho de que existan programas de este tipo y, sobre todo, por descubrir una vez más a lo que podemos llegar las personas por dinero. Paquirri lleva muerto casi cuarenta años y no fue una muerte por enfermedad, en su casa, rodeado de su familia, sino por la cornada de un toro, de nombre Avispado, en una plaza de pueblo. Todo fue un desastre aquel día, como lo fue la muerte de Joselito hace cien años. Nadie tiene derecho a jugar con la memoria de ningún muerto, pero menos con la de un tío como Paquirri. Menuda sociedad hemos creado entre todos. No digo yo un virus letal, sino un meteorito tan grande como Barcelona y que no quedara ni el gato. Nos hemos ganado a pulso irnos al carajo.


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