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Valla Melilla

La valla de Melilla y Pedro Sánchez

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27 jun 2022 / 15:32 h - Actualizado: 27 jun 2022 / 15:36 h.
"Opinión","Inmigración","La vida del revés","Valla Melilla"
  • Fotografía: ADRIANA THOMASA / EFE
    Fotografía: ADRIANA THOMASA / EFE

Nuestra sociedad está terriblemente enferma, está irremediablemente confusa; viaja sin remedio por el túnel que enlaza la realidad con el horror, por el túnel que llamamos decadencia.

Hace unos días, en España (y en el resto de Europa, no lo olvidemos) hemos vivido uno de los episodios más vergonzosos que han tenido lugar en la frontera hispano marroquí durante los últimos 100 años (sí, 100, 100), uno de los episodios más lesivo con los derechos humanos fundamentales que se pueden producir. Jóvenes en busca de un futuro muertos. No sabemos exactamente qué ha pasado, no sabemos exactamente cuántos muertos ha habido, no sabemos exactamente el número de heridos que se amontonan como animales en las explanadas preparadas por la policía de Marruecos, ni siquiera sabemos qué ha sido de los detenidos o si las mafias están detrás de todo esto o si se están respetando los derechos de las personas una vez pasado el momento de más tensión en aquella frontera. Y no sabemos nada porque nos trae sin cuidado cual es la respuesta a cada una de estas preguntas. Ni siquiera nos planteamos el asunto. Por lo que parece, de un tiempo a esta parte, solo nos interesa lo que sucede al este de Europa y, eso, tampoco nos está quitando el sueño (cada minuto que pasa el interés por lo que sucede en Ucrania es menor).

Si a los que vemos morir son negros y pobres, la cosa pasa a segundo plano. Sí, sí, no se lleven las manos a la cabeza, esto es lo que hay aunque no estemos dispuestos a asumirlo o a reconocerlo. Si los que mueren son personas que (además de negros y pobres) llegan tratando de escapar de guerras como la de Sudán del Sur (como es el caso) nos da igual. La guerra de Sudán del Sur no ha supuesto que se produjera en Occidente el más mínimo esfuerzo para que se pidieran corredores humanitarios, ayuda médica o armamento. No vemos en esos conflicto a los malos por un lado y a los buenos por otro. Vemos negros pobres que nos importan cero. Las guerras de África no van con nosotros.

Somos una sociedad esquizofrénica, estúpida y justa de moral. Y tenemos al frente a la clase política que nos merecemos. Pedro Sánchez es el paradigma de esto que digo. Su cinismo es monumental al decir que quiere estar del lado de los débiles y de los desfavorecidos y, a continuación, deja a parte de ellos sin amparo; se rasga las vestiduras proclamando la llegada de la ultraderecha peligrosa y sanguinaria, la llegada del enemigo de los débiles, y hace lo mismo que ellos a la primera de cambio. Y es que en el pías de los ciegos el tuerto es el rey (los ciegos somos usted y yo, no piense en nadie más).

Lo que sucedió en Melilla se podrá disfrazar como sea, pero la realidad es que personas que se habían jugado la vida para escapar de una guerra se han encontrado con la muerte en una valla de metal; la realidad es que eran personas, que tenían familia, que eran queridos por otras personas (negras y pobres aunque personas como los blancos y acomodados) y que tenían los mismos derechos que tenemos los demás. Que se los pisoteemos no significa que no los tengan.

No estaría mal que echáramos un vistazo a esto. Es una vergüenza y debemos acabar con ello.


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