jueves, 13 agosto 2020
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Las fotos de estado de whatsapp en verano

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21 jul 2019 / 11:14 h - Actualizado: 21 jul 2019 / 12:01 h.
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  • Las fotos de estado de whatsapp en verano

Confieso que soy de los que visitan los estados de whatsapp ajenos. Podría justificarme en el estío y el bochorno del Verano. Pero no es así, debe ser alma de portero o afán de cruzar el umbral en el que uno se apropia de aquello que solo pertenece a otros.

Igual me ocurre con Supervivientes o con Sálvame, las raras veces que confesaré haberme sentado frente a mi vetusto televisor.

Los estados debieran ser el reflejo de nuestro sentir, por lo que no osaré calificarlos, suelo no flagelarme en exceso y profeso el autorrespeto hacia el dudoso arte de hacerlo.

Los hay sonoros, que engloban una melodía. A veces, un pianista, qué tal Chub Loeb o lovers in Paris?

En alguna ocasión, un Aria o un tenor, sí, ahora recuerdo, aquella en la que la japonesa sube a la cima y exclama a la espera de su amado extranjero “un bello dia veremos un hilo de humo, en el extremo confin del mar... “ Sí, esa... Madame Butterfly.

Otros estados contraen un paisaje que rara vez contagia la melancolía del que lo fija. El que graba pretende la impostura de la emoción propia por la del tercero que se asoma a ese fulgor de la pantalla de su intimidad. A fuerza de pensar en el otro regala su propia percepción.

Pero sobre todos, me consternan las miradas. Los ojos, las pupilas. Los que están invadidos de tristeza por las ausencias y las raras que contagian pasión por vivir.

Mis devociones siguen impertubables, inflexibles, debe ser signo de vejez. Pero me siguen emocionando y rebelando las de los padres que no verán a sus hijos este Verano, ni el siguiente... año tras año, sin que éstos aparenten crecer.

Siempre hay un mensaje al que tus vástagos no accederán o parecerá irrelevante. Tal vez no rendirse consista en perpetuarlos sobre el teclado del móvil intermitente. Si alguna vez llegara el reencuentro, éstos ya no serán tus hijos, sino los que quedaron fijados en otra edad, en otro tiempo de tu estado.

Y es que hasta en esto el sistema se impone. Ahora resulta que para ser feminista, hay que ser socialista.... como si aspirar a ser padre fuera ser de Vox...

Los hay que reflejan sus colores. Por no ser predecible, me asomo al Himno del Sanluqueño by Pirri, que ser bético o sevillista empieza a perderse en la indiferencia de la masa.

Y los más comentados, aquellos en los que aparece una tortilla majestuosa o una formidable paellera. Esos estados nunca fallan, aunque hayamos abjurado de penetrar en su olor y sabor; como aquellos tomates verdes o sandías de Chipiona que tampoco retornarán.

Hemos potenciado la vista y con ello debilitado nuestras retinas. Qué quedan de las miradas secretas o del íntimo frío del cine de Verano? Hasta hemos prescindido del interrogante que precede cada frase, como si solo importara el final y no su sendero.

Paginas de contacto, sexo rápido, comida preparada haciendo el Agosto entre conservantes. El todo incluído, los audiolibros, los secret scape supliendo los laberintos que imaginábamos conducían a Itaca.

Y es que hemos prescindido del amarillo, del fulgor del relámpago, de la mirada al cielo prediciendo la lluvia o anunciando un eclipse. Por perder, hemos extraviado hasta el vis a vis. Todos son ahora pantallas, imágenes, soledad extrema que apaga cualquier lágrima transformándola en fallida. Da igual lo que sintamos, solo cuentan cuántos ven nuestro estado.

Una burla que convierte en esfinge lo que jamás volverá, esos abrazos esquivos, esos dolores enterrados en pantallas asoladas por la intimidad prosternada de ese aparato, cuyas arrugas son marcas y rayas sobre el cristal plano.


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