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Los medios y los días

¿Libertad para el gamberreo?

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04 abr 2021 / 04:28 h - Actualizado: 03 abr 2021 / 17:31 h.
"Los medios y los días"
  • ¿Libertad para el gamberreo?

Lo de los jóvenes campando a sus anchas en Madrid, Barcelona, Baleares y otros lugares empieza a dar asco y, lo que es peor, una sensación de decadencia de Europa y de Occidente tremenda que será aprovechada a largo plazo por culturas o movimientos que se hayan mantenido más o menos firmes en sus valores y creencias porque es que hoy en día todas las culturas y todos los valores han caído en crisis. Las primaveras árabes de los jóvenes fueron aplastadas y la reacción de la mayoría silenciosa cuando pudo hablar fue votar fundamentalismo, incluso no pocos jóvenes se apuntaron también a llevar el velo en sus países y en Europa como seña de identidad.

En Rusia, por ahora, le van saliendo bien las cosas patrióticas a Putin y en China la gente está derecha como una vela entre el control político-tecnológico estatal y sus mentalidades sumisas al amo, tal y como ordenaban Confucio y otros. Pero que conste que todas esas personas jóvenes sujetas por esto o por lo otro, tienden a ser occidentales, son propensas a ser seducidas por el mercado porque es el mercado quien mejor enlaza con sus hormonas y con su escasez de riqueza interior, lo hemos visto en Japón desde que terminó la Segunda Guerra mundial, sobre todo. Esa seducción de la opulencia, como diría el hoy presidente de la RTVE, profesor Pérez Tornero, le ocurre a gente joven y menos joven pero las hormonas y la energía de la juventud cuando se despojan de principios y de vida interior espiritual -no pienso sólo en religión- acaban convertidas en mercadeo, en piezas de un mundo en el que hay que ser guay por fuerza, muy hombre y muy mujer -que ya cada vez se distingue menos la diferencia-, los padres han sido captados por ese mundo juguetón del entretenimiento y la supuesta libertad digital y han dejado a su suerte a la juventud y muchos intelectuales han hecho lo mismo porque ellos mismos se han contaminado de posmodernidad. El resultado es una estampida de turistas alemanes a Mallorca y otra de jóvenes entregados al alcohol.

Hay quien le está echando en cara a los gobiernos una conspiración en unión con las élites para robarnos la libertad. Muchachos y muchachas, al margen de que, como dijo Freud, la modernidad nos llevó a cambiar libertad por seguridad y comodidades, la libertad ya está siendo robada desde hace tiempo, la está robando el mismo artefacto que la puede dar: Internet, que ha dado lugar a la lectura digital, esto es, leer de todo y no saber de nada. En el momento en que nos hallábamos -antes de la pandemia- en una sociedad red donde el personal en su mayoría se drogaba con mensajitos inocuos durante horas y renunciaba a la educación y a la enseñanza sobre la base de conocimientos sistematizados y esfuerzo para lograrlos, la libertad empezó a morirse porque la libertad está de acuerdo con la famosa frase de Ortega: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

Solemos quedarnos en la primera parte de esa frase y entonces dejamos coja su interpretación que no es otra que la libertad empieza por conocerse a uno mismo y a su entorno y si no se llega a una mínima meta en este sentido no se es libre, se es votante, elector, se es un libre borracho, es decir, una piltrafa humana, la negación de lo humano porque no estamos hablando ya ni de una fase dionisíaca sino de la reacción confundida de “la muchedumbre solitaria” (David Riesman) y la famosa sociedad líquida (Bauman) que va por el mundo como pollos sin cabeza.

Yo no quiero esa libertad porque es falsa, nos condena a depender de otros factores, sean humanos o materiales, y de otras gentes si sigue este proceso de desmembramiento de la razón y de negación de lo positivo que trajo a este mundo la civilización occidental. Además, ¿para qué quiero ser libre si mientras existan esos borrachos pueden matarme de Covid y quedarse ellos aquí para seguir vomitando sus miserias y matar a otros?


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