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Coronavirus

Lo que nos espera

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11 abr 2020 / 09:49 h - Actualizado: 11 abr 2020 / 09:53 h.
"Coronavirus"
  • Lo que nos espera

La pregunta subyace en todos nosotros.

¿Qué nos espera después de la pandemia?

Nadie es capaz de descifrar este interrogante. Incluso un brillante Magistrado, precursor de las Sentencias europeas sobre los derechos de los consumidores, en una de esas madrugadas hipocondriacas que nos zarandean, me sorprendió al priorizar la salud sobre la libertad, en un silencio ininteligible que interconecta con el miedo.

Las reclusiones de los asintomáticos; hoteles habilitados para morir, como el Alcora en Sevilla; delaciones desde balcones e incluso el conservadurismo imperante, que nos llevará a la derogación de las conquistas en el terreno de las relaciones o el sexo, como nefastas palomas mensajeras del futuro.

Primero fueron los atentados del 11 S, que permitieron el derrocamiento de los universos laicos del mundo árabe. Y ahora nos someten al control telemático de nuestros pasos, sin que hayamos transgredido norma alguna, derecho conquistado de forma universal para esta nuestra sociedad europea.

Es más, hemos aceptado la premisa de pagar sólo con tarjetas, ignorantes de su inserción en el entramado sistémico virtual; hemos convenido en que la distribución quede en manos de multinacionales, que solo contratarán repartidores. Algo que no es fruto de la inercia, sino de la decisión de una oligarquía de partidos que han convertido en dioses a los médicos, al tener que elegir a quien dejar morir, tal la insuficiencia de recursos sanitarios.

No habrá paso que no esté controlado por cámaras, o espacio donde un dron no pueda sancionar una simple infracción de tráfico. En Polonia, los ciudadanos han sido constreñidos a instalar una app sanitaria en sus móviles so pena de intervención policial en sus domicilios; lo que anticipa ghettos y linchamientos públicos.

Vivimos una ensoñación, en la que las dádivas en forma de renta universal, (dame pan y dime tonto), generarán una sociedad irrespirable.

Y es que no hemos entendido nada. Si el propio Ministro de Cultura califica a su área como no esencial, pronto alcanzará a la Educación, último reducto del libre pensamiento, y a la Justicia, genuflexa víctima de la inexistente separación de poderes.

Este sendero inescindible solo nos permite una reflexión crítica sobre la diferencia entre resilencia y resistencia.

Los psicólogos nos recuerdan la primera como clave para el ser humano. Sentimos dolor pero no debemos permitirnos sufrimiento, frente a la segunda, que, a mi entender, sigue siendo el último bastión revolucionario.

Si un niño es maltratado por su madre, perderá seguridad y se acomodará al dolor, como el enfermo de riñón a la hemodiálisis.

Pero la clave estriba en la resistencia, aquello que Frankl identificó como el sentido de la vida en los presos sin esperanza de los campos nazis.

Para ello sólo cabe exigir más inversión educativa preventiva del segundo colapso de Europa. Porque únicamente en ese reducto, pervivirá un área de íntima libertad.

Así pues, apaga las pantallas subsidiadas y aíslate de móviles o redes sojuzgadas por los dominantes. Dále poder a la cultura, a los maestros, porque la manipulación mediática destruye los cerebros en los que solo debe caber un espacio de cuestionamiento de todo.

De otra forma, nuestro final se asemejará a los tracios, que lloraban el hecho de nacer por las desventuras por venir y celebraban la muerte como liberación póstuma de lo sufrido.

No en mi nombre.

Buenas noches y buena suerte.


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