lunes, 14 octubre 2019
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Iba por Canalejas

¿Me ofendo o no me ofendo?

30 ago 2018 / 22:00 h - Actualizado: 30 ago 2018 / 22:00 h.

Vuelve el debate sobre los límites del humor, con el affaire Robert Bodegas y sus chistes de gitanos. Como ya les comenté, soy de los que piensan que el humor tiene sus límites, aunque resulte extremadamente complicados definirlos. De ahí a amenazar de muerte a alguien por ello, va un abismo.

Hoy en día es imposible hacer humor sin que alguien se moleste o se ofenda. Y, personalmente, no me gusta el humor que hiere, humilla o hace daño, aunque probablemente un servidor haya caído en alguno de estos supuestos, incluso sin proponérselo. Pero mi debate de hoy es otro. Es el de esa gente para la cual existen límites del humor o no, según del lado hacia donde se dispare. Gente a la cual les resulta un delito de odio hacer chistes sobre gitanos o mariquitas, pero toleran con muchísima más ligereza chistes sobre Carrero Blanco, Irene Villa o sobre el Holocausto. Gente que pide la cabeza de Robert Bodegas por unos desafortunados chistes, pero que ven en la acusación judicial al rapero Valtonyc una caza a la libertad de expresión, porque no es lo mismo contar chistes desafortunados sobre gitanos que animar desde un escenario a matar a guardias civiles, que eso es rap libre. Tampoco entro en el debate sobre si el rapero debe ir o no a la cárcel por decir algo así, pero lo que no me vale es la doble moral. O se puede decir de todo, o no se puede.

Así que se llega a la simple conclusión que se puede decir de todo, mientras estemos de acuerdo y lo demás es fascismo. Y va a ser que no.


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