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Mi amigo Fred

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25 may 2020 / 09:51 h - Actualizado: 25 may 2020 / 09:52 h.
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  • Mi amigo Fred

Tuve la oportunidad y el placer de recibir en casa a finales del mes de septiembre pasado a mi gran amigo Fred. Le enseñé Sevilla y se quedó impresionado por la belleza de la ciudad, su arquitectura, sus campos de fútbol y su clima.

Para los que no lo conocen y que hasta ahora no habían oído hablar de él, Fred Paul, cuyo verdadero nombre es Frédéric, no es un hombre anónimo. Es uno de los mayores productores de música haitiana y creador del sello discográfico Mini Records que nació a principios de la década de los setenta. Como productor, ha cosechado varios éxitos, entre los cuales se incluye la famosa canción New York City, del álbum 8th Sacrement del grupo Tabou Combo, que recibió una amplia aclamación tanto en Haití como en América, y que llegó a ocupar el primer puesto en el hit-parade en Francia en el año 1974. Luchador incombustible, ha colaborado con los mejores grupos musicales de su país y ha editado un sinfín de discos. También, como amante de la música, es el autor de la melodía traducida al español titulada No puedo olvidar. En ella narra, con una elegante prosa, y deja traslucir sus sentimientos y su carácter romántico, un desamor: el fracaso de la relación matrimonial de un hombre que, pese a seguir enamorado de su esposa, se ve obligado a dejarla, debido a las insalvables divergencias que se han colado en la convivencia. La letra de la canción va acompañada de una rítmica música muy apetecible y que invita a bailar. A Fred le fascina el folklore andaluz y fuimos un día al atardecer a un espectáculo al Patio Sevillano, disfrutó al máximo del evento. Pero se fue de España algo frustrado al no poder materializar uno de sus deseos: incorporar a su canción sonidos flamencos.

Fred ha realizado distintos viajes a través del mundo y acordado múltiples entrevistas a nivel profesional. Sin embargo, es una persona que se caracteriza por su sencillez, su afabilidad, su simpatía y su sentido de la amistad. De una muy exquisita educación, agasajaba todas las mañanas con un beso de buenos días a mi mujer y se esforzaba por expresarse, con su particular gracia, en español, a fin de hacerle partícipe de nuestras conversaciones. El año pasado, cuando me llamó, coincidiendo por casualidad con el día de mi cumpleaños, para comunicarme que pensaba pasar por Sevilla en su periplo europeo, me llenó de alegría esta noticia. Esperé con impaciencia su llegada, porque no lo veía desde hace más de cinco lustros. En su corta estancia, lo acompañé a Cádiz donde pasó unos tres días con un primo suyo, Kern, y jugamos a las cartas los cuatro: Kern, un buen amigo Henri-Robert, Fred y yo. Pasamos toda una noche con este entretenimiento; fue una madrugada de bromas, de risas, burlándonos el uno del otro y acordándonos, a ratos, de nuestro malogrado país, Haití.

Mi amistad con Fred se remonta a más de cincuenta años. Hicimos juntos tres de los cuatro últimos cursos de la enseñanza secundaria en Haití. Fue un alumno muy irregular, poco cumplidor de las normas que imponen ser un estudiante aplicado. Fue jugador de fútbol y prefería, algunas veces, no ir a clase para acudir a los entrenamientos. Pero recalcó un profesor nuestro que era un discípulo muy cualificado en cuanto a su inteligencia, lo que evidencian sus triunfos a nivel profesional.

De salud robusta, hasta la actualidad no ha padecido ninguna enfermedad, se lo agradece a Dios y vi como se recogió para rezar ante la Virgen del Rocío, en la ermita del mismo nombre. Rehúye el tema de la muerte, porque yo creo que desearía tener una vida eterna.

Así, de manera breve, es mi amigo Fred, que también tiene entre sus logros el mérito de haber popularizado el ritmo musical Konpa dirèk, una de las marcas de Haití, que se escucha en la comedia dramática francesa Tan cerca, tan lejos, escrita y dirigida por el director Cédric Klapisch, y estrenada en septiembre del año pasado. Actualmente vive una relativa jubilación, después de una fulgurante y satisfactoria carrera.

Querido hermano Fred, muchas gracias por haber dado a conocer la música haitiana en los rincones geográficos más remotos del mundo y contribuido a realzarla a través de los múltiples discos vendidos. Ad multos annos.


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