La Tostá

Rafa Nadal y Carlitos Alcaraz

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
10 may 2022 / 09:27 h - Actualizado: 10 may 2022 / 09:29 h.
"La Tostá"
  • Rafa Nadal y Carlitos Alcaraz

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En España nace un fenómeno del deporte cada dos o tres décadas, y tenemos a otro: el murciano Carlos Alcaraz, al que ya adoramos como si no hubiera más tenistas que él en el mundo. En tres días venció con solvencia a Rafa Nadal, Novak Djokovic y Zverey, ganando el torneo Mutua Madrid Open y colocándose como el sexto tenista del mundo, que no es poco para un chaval de 19 años recién cumplidos al que muy pocos españoles conocíamos fuera del mundo del tenis. Ahora lo vamos a tener hasta en la sopa y hay otro fenómeno español, Nadal, que debe estar pasándolo mal porque lo hemos jubilado de golpe aun estando en forma y con ganas de seguir siendo el mejor tenista del mundo en tierra batida, que lo es todavía. No sé cuántas veces he escuchado decir estos días en la radio y en la televisión que “Nadal ya tiene sustituto”, o sea, que se puede jubilar tranquilamente, pero con poco tacto. España es única para adorar a sus ídolos, pero lo es también para olvidarse de ellos o derribarlos de golpe. Como Nadal pierda dos o tres partidos empezaremos a decir que está quemado, acabado, y le pediremos que cuelgue la raqueta. En nuestro país hemos visto ya cómo algunos ídolos han acabado mal, arruinados, echados a la bebida o la droga, olvidados por completo como un juguete roto en un viejo armario del trastero. Ha pasado en casi todas las disciplinas deportivas, pero también en el teatro, el cine o la música. Somos crueles, aunque tengamos también muchas otras y estimables virtudes. En el partido de Nadal contra Alcaraz del pasado torneo madrileño se jaleaba al murciano no para animarlo y que el chaval empezara a vivir su gloria como tenista, sino para que humillara al manacorí, para que lo machacara. Le vi la cara cuando abandonó la pista y no estaba pasándolo nada bien. No por la derrota en sí, que a Nadal no le gusta perder ni a las bolas, sino por cómo fue, por comprobar que le estábamos señalando ya el camino de los acabados.


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