lunes, 29 noviembre 2021
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Señora “marida” (de su “señoro”)

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29 ago 2021 / 04:00 h - Actualizado: 29 ago 2021 / 04:00 h.
"Tribuna"
  • Señora “marida” (de su “señoro”)

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Dice traer una “revolución lingüística, un caudal de agua fresca”. No. Congelada. Por antigua y porque golpea como un témpano de hielo. Así que “usteda”, forzada imitación resumida de la combativa Melina Mercoury, sin más similitud que el tono de su cabello, reconoce que la RAE no impone el lenguaje, que el lenguaje se hace a sí mismo. Pero intenta imponer un invento llamado “inclusivo y no sexista”. A ver si puede explicar por qué los nombres terminados en “e” y en consonante, son masculinos. Es que su apellido sería masculino. Y cientos de nombres, como Raquel, Isabel, Dolores, Mercedes ¿son masculinos?

Su personalidad quedó clara en un Pleno de septiembre de 1980 al aprovechar la resonancia de la radio, para que cinco fieles militantes del partido en que usted era líder, buscando méritos para cambiarse de siglas, hicieran creer que el pueblo gritaba contra lo que usteda y los suyos habían llamado “traición al pueblo andaluz”, “traición” que, por cierto, no tuvieron escrúpulos (ni escrúpulas) en firmar al mes siguiente, en cuanto su “partido amigo”, dio la orden. Posiblemente usteda ya preparaba el camino para su urgenta ingresa en ese partido (¿o partida?)..

No se tome el idioma a choteo, porque el idioma lo crean los hablantes (sí, en plural). Y, porque no hay muchas Academias de la Lengua en el mundo. Hablado y escrito pocas veces coinciden. Se hablan de ahora, pero se escriben como en la Edad Media. Usted no quiere volver a la Edad Media, lógico. Más su pasado la descubre, porque es presente. Imponen las dictaduras. Y, fíjese: ni ellas han logrado imponer un idioma, tan natural es su evolución. Hasta se puede estar de acuerdo en la improcedencia de algunas expresiones si llegara a entender que las improcedencias son bi-direccionales. Por ejemplo: en vez de “el que, los que”, puede decirse “quien, quienes” y algunas más, no pocas, prolija relación. Igual en otras expresiones, pues, aunque griten muy alto, no cambiarán que “general” es un cargo y termina en “al”, pero “generala” es un toque. O “cabo” un cargo y “caba”... a muy pocas les gustaría el apelativo.

Es falaz desacreditar a la RAE y al idioma por el número de hombres y mujeres. Nadie niega que, históricamente, el varón ha tenido más presencia. Ni tiene sentido cambiarlo de un plumazo. ¿Cómo sacarían las 463 académicas así, de golpe? Aplíquelo a todo. Tender a la igualdad es ir a la equidad.

Los seres humanos deben tener estrictamente el mismo tratamiento, que es tener el mismo derecho. Y los puestos de responsabilidad deben ser para los más capacitados, da igual sexo y raza. Pero igualarlos ahora mismo, obligaría a despedir miles de directivos para colocar directivas. Le gustaría, ya, pero, como en el lenguaje, ni es lógico ni humano cambiar “unos” por “otras”, como tampoco lo sería al revés. Téngase la idea fija y clara y deje actuar al tiempo. Tantos siglos no pueden cambiarse en un año ni es aconsejable. No siga empeñada en imponer a la Academia el lenguaje de su gusto, porque la Academia incluirá cada palabra según vaya obteniendo aceptación pública. Si no olvida que el idioma sirve para comunicarnos, verá que, para obtener expresiones no sexistas (ni en un sentido ni en otro, pues entonces también cabría recurrir la terminación femenina, y exigir, “periodisto”, “taxisto”, “electricisto”; “socialisto” y otros), que, seguro, la sociedad irá asimilando como ha asimilado palabras extranjeras, y hasta significados distintos al original. Entonces los verá incluidos en el DRAE. Pero no quiera forzar demasiado porque puede salir un bodrio. Por muy autoritaria (con “a” final) que usted sea como ya ha demostrado de sobra. Deje que las cosas marchen a su ritmo.


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