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Un hueco con luz

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07 jun 2021 / 13:39 h - Actualizado: 07 jun 2021 / 13:44 h.
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  • Foto: EFE
    Foto: EFE

Ayer, domingo, no puede publicar mi reflexión como es habitual hacerlo; circunstancias familiares lo impidieron. Lo hago hoy buscando hallar el hueco por el que la luz pueda pasar a nuestro corazón.

La historia, historia personal, está afectada, en muchas ocasiones, más de las imaginables, por circunstancias imprevisibles que hacen de nuestras vidas una vida truncada.

La era de la digitalización y de la tecnología, que debería ayudarnos a avanzar en el diálogo y la concordia, muchas veces no ayuda en el desarrollo de estas dimensiones y lo que ocurre es que es utilizada para el marketing político, utilizando a las ciencias sociales y de la comunicación para alcanzar objetivos que producen mucho daño personal y social. Los que se dedican al servicio público de lo político tienen una alta responsabilidad. En cuenta de buscar un hueco con luz lo que fomentan es llenarlo de escombros.

Se puede vivir buscado el hueco que nos lleve a la esperanza o soportando el peso de los escombros, que no hacen más que destruir cualquier posibilidad de que la luz ilumine nuestra mente y haga de nuestro corazón un espacio de acogida y de entendimiento.

Leyendo el libro de Vidas Truncadas de Manuel Álvarez y de Fernando del Rey, a mí, al menos, me ha tocado el corazón y ha hecho que mi mente se pare, en estos tiempos de la tecnología digital, a pensar sobre lo que fue y no puede volver a ser.

Esta claro que los conflictos que se dieron en al inicio del conflicto civil del año 1936 se buscaron y se planificaron. No se estaba entonces en un periodo tecnológico digital; pero la manera de cómo se utilizó la información y cómo se dibujaban los acontecimientos fueron altamente negativos para la convivencia y la concordia; se empezó a llenar de escombros el hueco de la esperanza.

Se mermó la confianza y los políticos fueron alimentando, con su manera de hacer política, la confrontación directa entre quienes querían vivir con paz y sosiego. Se comenzó un periodo de frustración que llevó a infinidad de personas a ser testigos de una vida truncada. Son personas con nombres propios, y esto debería de ser para quienes vivimos en la era tecnológica de la digitalización una llamada de atención. Hoy, sin darnos cuenta, los afectados somos nosotros mismos. Tendríamos que vivir con la madurez de saber reconocer lo que sucedió hace casi 85 años sin rencor y sin odio. Los escombros de la confrontación no nos llevarán a que la luz pueda inundar al hueco de la esperanza y de la concordia. Relatar, apoyados en el marketing político de la era digital, un discurso muy sonoro y elevado no conduce a la convivencia. Lastimosamente es un término que pude dejar de tener sentido cuando lo dicen los políticos. La concordia enaltece y supera heridas. La concordia no puede ignorar, debe de afrontar con delicadeza y sensatez los problemas que cualquier sociedad puede tener y esto en clave política hay que hacerlo desde el rigor de la Constitución y con el apoyo de una historia creíble y no manipulada.

Lo que muchas veces nos encontramos entre los políticos en la actualidad es lo que está escrito en el libro al que estoy haciendo referencia “las sesiones parlamentarias reflejaban bien una confrontación partidista cuya intensidad no dejaba de crecer. A la vista de una censura que mantenía controlada la prensa y la radio, especialmente en las grandes ciudades y en buena parte de las capitales de provincia, las Cortes eran un oasis donde fluía sin cortapisas la libertad de opinión. Claro que aquél no era un contexto donde se desarrollaba sin más el debate político propio de un sistema democrático. Las opiniones no sólo iban cargadas de hechos y razones, mejor o peor fundados, más o menos exagerados, también abundaban las amenazas y las descalificaciones...la percepción de una supuesta e irremediable división del país en dos bandos radicalmente enfrentados crecía a ojos de muchos ciudadanos de a pie sin que las autoridades, especialmente las locales, parecieran firmemente dispuestas a impedirlo”.

Efectivamente, en estos tiempos, los parámetros no pueden ser iguales; pero el fondo, en cuanto a la búsqueda de cualquier excusa para el conflicto, sí tiene fundamentos muy similares.

Quienes habitamos este país debemos dejarnos conducir por la luz que quiere iluminar con claridad el hueco de la convivencia y de la concordia. Alejémonos del marketing político y construyamos un camino que nos haga entrelazar nuestras manos. No podemos ser sujetos que sean arrastrados por los intereses electoralistas de los partidos políticos. Huyamos de los escombros.

Cuando ponemos en cuestión nuestra carta de derechos y obligaciones recogidos en nuestra Constitución convertimos a ésta en un texto mermado de validez, y esto no puede aportar nada positivo a la convivencia que las personas necesitamos para avanzar en la construcción de una sociedad madura, y que responda a las preguntas coherentes que deben de regir el espíritu de un país que está lleno de la luz del hueco de la esperanza.

Nuestra realidad social está constituida por personas concretas, por mujeres y hombres que tienen su propia historia, que podrá ser de convivencia o de conflicto. El futuro está en que elijamos la concordia, teniendo muy claro que es el hueco por el que la luz pasa sin restricciones. Qué la confrontación, que muchas veces nos trasladan los políticos de hoy, no obscurezca nuestra percepción de la historia. Leemos en el libro referenciado que “la historia de la vida política española durante el año de 1936 no es sólo la de una confrontación de partidos o ideologías más o menos homogéneos y estructurados. Es también algo que no siempre se ha tenido suficientemente en cuenta: una historia de individuos y vivencias personales ricas en matices y contradicciones....Porque hubo protagonistas en aquella evolución compleja en al que la tensión y la violencia extrema arrinconaron progresivamente la discrepancia ordenada y el conflicto regulado, hasta lograr que alguno -pocos, pero movilizados e influyentes- tomaran decisiones que precipitaron una guerra civil de al que pocos pudieron o quisieron escapar”.

Sorprende las declaraciones de determinados políticos porque tienen similitud con -los pocos, pero movilizados e influyentes-. Actuar de esta manera es muy peligroso y, hasta puede volverse en contra, de la propia formación política que las alimenta.

Las personas queremos un hueco con luz, no queremos ser golpeados por los cascotes, que pueden terminar convirtiendo en escombros a ciudadanos que lo que desean es vivir en concordia y convivencia con las reglas de juego de nuestra Constitución.

Es un grave error, lo he escrito y plasmado muchas veces en este medio de comunicación, que el PSOE y el PP no trabajen conjuntamente en la construcción de un país cuyo hueco este iluminado por la luz de la esperanza y de la concordia. Por pura lógica de representación democrática, lo primero que queremos las personas es que ambos dialoguen y se pongan de acuerdo en los asuntos de Estado de profundo calado, sumando a este dialogo a las diferentes fuerzas políticas; pero teniendo muy en cuenta el marco que debe de inundar a un equipo formado por políticos, estoy hablando de la Constitución.

Traigo aquí, para concluir, un párrafo del libro Vidas Truncadas “En definitiva, en España se vivió un proceso parecido, aunque con tiempos a veces diferentes y particulares, indiscutibles, en que la democratización se reveló profundamente frágil porque, entre otros factores, los partidarios de utilizar el poder de las mayorías electorales como coartada para aplastar a las minorías y socavar el pluralismo fueron muy persistentes. Fue un proceso engañoso, en el que a veces las etiquetas de fascista o antifascista, revolucionario o contrarrevolucionario, impedían apreciar el profundo debilitamiento de los valores liberales sin los que no puede funcionar ninguna democracia constitucional. Un proceso en el que se socavó la democracia desde dentro, construyendo voluntades mayoritarias irresistibles y todopoderosas, que negaban el pluralismo en nombre de banderas ideológicas diversas y atractivas promesas populistas”.

Esperemos que la luz que permea el hueco de la esperanza transforme nuestra política en una manera de trabajar conjuntamente el PSOE y el PP. Aquí, el que más tiene que perder es aquél que se muestre contrario a construir un futuro en equipo, un equipo constitucionalista y no en un equipo unilateral. Quienes votamos sabremos elegir lo que más conviene a España para tener un hueco con luz.


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