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La Tostá

Veintidós años después

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
12 jul 2019 / 09:32 h - Actualizado: 12 jul 2019 / 09:49 h.
  • Veintidós años después

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Mañana se celebra la Reunión de Cante Jondo de La Puebla de Cazalla y en la edición de hace veintidós años, al coger el coche parta regresar a casa casi amaneciendo, supe que ETA había cumplido su amenaza de ejecutar a Miguel Ángel Blanco si el Gobierno no accedía a su petición de echar presos de esta banda terrorista a la calle.

Tuve que salirme de la carretera, aparcar y hartarme de llorar entre los olivos, y esa misma noche supe que ese horrible crimen sería un antes y un después en la negra historia del terrorismo vasco. Al llegar a casa, roto y con ganas de salir a la calle a romperlo todo, me puse a escribir la crítica del festival y no pude referirme a lo vivido en La Fuenlonguilla, con un José Menese soberbio, sino al triste final del pobre muchacho de Ermua.

El gran cantaor morisco, que leyó la crítica en este diario, me llamó a casa y me dijo que lo entendía perfectamente. Lo hizo con la voz entrecortada, dolido y roto. Es el recuerdo que tengo de aquel día en el que los españoles nos echamos a la calle para decir basta, en una manifestación multitudinaria, la última en la que estuve. No he vuelto a salir a la calle a protestar por nada.

Después de veintidós años del asesinato de Miguel Ángel Blanco, estamos viendo con pena y asombro cómo hay partidos que son capaces de llegar a acuerdos con otros que no son capaces de condenar tan horroroso crimen y que ven como algo normal en un Estado democrático que la televisión pública entreviste a Otegui para darle la oportunidad de limpiar un poco su imagen.

Es verdad que en una democracia valen todas las ideologías y que, de hecho, están representadas en el Parlamento español. Incluso las que no deberían estar, pero que están porque hay cientos de miles de ciudadanos que les dan su voto en las urnas. Sí, también a los que daban el tiro en la nuca o ponían un coche-bomba en supermercados o cuarteles de la Guardia Civil. O a los golpistas catalanes. A quienes luego dicen por Europa que España no es una democracia, sino un Estado represivo.


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