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Juegos políticos

17 feb 2016 / 21:39 h - Actualizado: 17 feb 2016 / 21:39 h.

La oferta de gobierno que Podemos puso por delante al PSOE el pasado lunes, escenificada bajo los flashes del Congreso como una suerte de guante que se lanza para provocar el duelo, ha tenido por respuesta la gélida parálisis de un camino que ambas fuerzas empezaban a compartir. Una vicepresidencia, ministerios de postín, control sobre CNI, CIS y BOE y por si fuera poco, el referéndum catalán. Descontando la exigencia plebiscitaria, los socialistas hubieran aceptado la extensa propuesta de Iglesias con tal de conseguir el apoyo –por costoso que fuera– que le sume los escaños que necesita para montar ejecutivo. Pero el asunto catalán es harina de otro costal. Se trata de la repetida línea roja del partido de la rosa, no impuesta por Sánchez, sino por un comité federal a cuyos preceptos se agarra como asidero, y que es conspicuo en la tajante negativa a la consulta.

Conocida es la fobia socialista a negociar con un punto del calado del referéndum catalán, un punto débil que constituye la primera exigencia de Podemos, siendo poco menos que una invitación al desacuerdo. Pero el PSOE, lejos de volar los pocos puentes tendidos, ha optado por una indiferencia que descoloca a la cúpula morada. Sánchez ha virado hacia el centro, buscando el entendimiento con Rivera. Socialistas y ciudadanos parecían alcanzar una sintonía que obligaría a las huestes de Iglesias a apostar por un signo facilitador del gobierno de Sánchez o, de lo contrario, ser tratados de cómplices de la repetición electoral.

Con todo, Rivera rechazó de plano ayer que se encuentre «ultimando» un acuerdo con Sánchez, afirmación que desmienten los acercamientos que se están produciendo. Pero la postura del líder centrista da alas a las férreas posturas de Podemos. Ciudadanos sabe que tiene la llave del desbloqueo, ya que una hipotética entente con los socialistas empujaría a Podemos a negociar sin el polémico imponderable. La situación es tal que Iglesias insta a Sánchez a mantener otra cita, mientras que éste le emplaza a acercar posturas a través de sus equipos negociadores. Y el tiempo hacia el 2 de marzo, primer debate de investidura, corre inexorablemente. Rajoy, atento al juego político, se frota las manos ante tan flagrante falta de entendimiento.


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