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La guerra de las cotorras

El Ayuntamiento de Sevilla decide exterminar las cotorras exóticas de sus calles a tiros para proteger a otras especies autóctonas. La medida, que está avalada científicamente por la Estación Biológica de Doñana (EBD), ha levantado en armas a los sectores animalistas que consideran que disparar a las aves es un método cruel, ilegal e inútil

Ricardo Gamaza RicardoGamaza /
17 jun 2017 / 21:32 h - Actualizado: 17 jun 2017 / 21:36 h.
  • Cotorra de Kramer, / El Correo
    Cotorra de Kramer, / El Correo

Todo empezó con apenas 17 cotorras de Kramer (Psittacula krameri) en 1997. Una cantidad de aves anecdótica que fueron liberadas por las autoridades tras haber sido incautadas en el mercado de animales de la calle Alfalfa de Sevilla, según se indica en los estudios científicos de seguimiento de esta especie invasora en la capital andaluza. En 2011, se censaron los árboles donde se congregan a dormir las cotorras de Kramer en la ciudad, «y contamos ya unos 1.000 ejemplares», explica el investigador de la Estación Biológica de Doñana (EBD) José Luis Tella en un informe realizado esta semana. En la actualidad estiman que hay más de 2.800 ejemplares.

El comportamiento agresivo de las cotorras de Kramer con el resto de especies de aves queda constatado en este informe de la EBD, en el que se apunta que las cotorras de Kramer «no sólo ahuyentan a las ratas de sus nidos, sino que son capaces de matarlas».

El problema de esta especie exótica invasora es su efecto sobre otro animal, el nóctulo gigante (Nyctalus lasiopterus). Se trata del murciélago europeo de mayor tamaño, catalogado como Vulnerable a la extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Estos murciélagos, que viven normalmente en bosques, tenían en el sevillano Parque de María Luisa hasta hace unos 10 años, la mayor colonia conocida hasta la fecha, según los datos de la EBD. Sin embargo, las cotorras de Kramer atacan y echan a los nóctulos de sus nidos. Lo comprobó en un estudio la EBD el año pasado, en el que se pudo incluso filmar cómo las cotorras atacan agresivamente a los nóctulos llegando a matarlos.

En la peligrosidad de las cotorras para otras especies, sin embargo, hay bastante consenso entre científicos y colectivos ecologistas y animalistas. Pero cuando el Ayuntamiento de Sevilla ha hecho pública su decisión de exterminar a estas cotorras invasoras, se ha desatado la polémica. La forma en la que se ha decidido acabar con esta invasión de exóticas es inapropiada e inadmisible para los colectivos animalistas: disparar a los ejemplares con carabinas de aire comprimido.

«La eliminación de adultos usando armas de fuego ha sido la medida elegida para erradicar de manera exitosa a esta especie», concluye el informe de la EBD. Es en estos datos científicos en los que parece apoyarse la licitación del Ayuntamiento de Sevilla para desarrollar el plan de exterminio de esta especie. En este documento de contratación municipal, al que ha tenido acceso en exclusiva Ecoperiodismo, se opta por «el uso del disparo con carabina de pequeño calibre (aire comprimido)» y rechazan otros métodos menos efectivos –según la licitación– como el derribo de nidos al considerar que esas actuaciones «provocan la reconstrucción de los mismos, lo que supone un nuevo impacto sobre las ramillas y brotes de los árboles de parques y jardines, el taponamiento de nidos y huecos e imposibilita el acceso a cualquier otra especie nidificante». También se rechaza en el contrato de exterminio de exóticas el suministro de piensos esterilizantes que además de no garantizar la limitación de las cotorras «puede afectar a otras aves y pequeños mamíferos granívoros».

La decisión de tirotear a las cotorras, que no ha contado con la aprobación del Consejo Municipal de Bienestar Animal, creado recientemente por el Ayuntamiento de Sevilla, ha levantado en armas al sector ecologista y animalista, que sostiene además que esta medida «atenta contra la legalidad». En una petición para que no se lleve a cabo la polémica medida, avalada por 20 organizaciones ecologistas y animalistas sevillanas y otras de ámbito nacional, la Asociación Andaluza en Defensa de los Animales (ASANDA) señala ilegalidades como que no es una actividad regulada como caza.

Los colectivos animalistas y ecologistas también critican que la polémica licitación por la que el Ayuntamiento ha contratado a una empresa privada para el exterminio de exóticas se base en otras experiencias similares como la llevada a cabo en la ciudad de Zaragoza, el otro único caso en el que se ha disparado a cotorras en núcleo urbano. El informe de la EBD sostiene que «la larga experiencia adquirida en la ciudad de Zaragoza mostró cómo la destrucción de nidadas durante diez años resultó ineficaz y sólo cuando se decidió un cambio en la metodología, pasando a matar ejemplares adultos con carabinas, se consiguió reducir la población de unos 1.700 ejemplares a tan sólo 9 individuos en dos años». En este sentido, la asociación animalista ASANDA contradice a la EBD y explica que «sólo en 2015 el Ayuntamiento de Zaragoza actuó mediante disparos pero como ‘medida excepcional’, según les ha indicado el propio jefe de la Unidad Verde del Ayuntamiento zaragozano y sólo en caso contados para nidos que eran inaccesibles».

En Tenerife, sostiene ASANDA, la Fundación Neotrópico, que está realizando el control de la población de cotorras exóticas, se ha apostado por un método no cruento, capturando las cotorras con jaulas-trampa y depositando a los animales en un santuario. El informe de Tella, realizado tras conocerse esta propuesta animalista, también rechaza esta medida como efectiva, aduciendo que se viene realizando en Sevilla desde 2014 «con un éxito extremadamente bajo» además de que, incide este informe científico, es un método que acarrearía «problemas logísticos y legales» ya que no se pueden mantener especies exóticas en cautividad, y en el caso de lograr una excepcionalidad a la normativa habría que disponer de unas instalaciones capaces de albergar a 2.000 cotorras que en la actualidad no existe, indica el informe.

«La decisión de aplicar o no esta medida recae en la autoridad administrativa competente (Ayuntamiento de Sevilla) y depende, en última instancia, de la presión que puedan ejercer las opiniones de diferentes sectores sociales», finaliza el informe firmado por José Luis Tella y Martina Carrete, del que se concluye que la guerra a las cotorras sólo se puede ganar a tiros, en oposición a lo que aseguran los colectivos animalistas a los que esta vez el Ayuntamiento de Sevilla no ha logrado silenciar y a los que el alcalde Juan Espadas se ha visto obligado finalmente a citar para la próxima semana a una reunión tras haber estado ninguneándolos hasta ahora en este asunto.


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