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«Aquí no sobra nadie, faltan manos, voluntades y recursos»

La hermandad de Los Gitanos lleva un lustro trabajando con menores del Vacie para reducir el absentismo escolar.

Manuel J. Fernández M_J_Fernandez /
06 abr 2018 / 18:28 h - Actualizado: 07 abr 2018 / 08:10 h.
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  • Una de las actividades que organiza la hermandad de Los Gitanos con los niños de El Vacie que atiende. / El Correo
    Una de las actividades que organiza la hermandad de Los Gitanos con los niños de El Vacie que atiende. / El Correo

La agenda de Tomás Medrano y Javier Visuete, dos técnicos que trabajan en El Vacie, cambia cada día. «Si vemos que un chaval lleva un tiempo sin ir a clase, allí estamos a las siete de la mañana para llevarlo al colegio en coche. También mediamos con la comunidad escolar ante posibles casos de expulsión después de un incidente en las aulas. Siete días sin clase es contraproducente a nuestra tarea diaria de lucha contra el absentismo escolar. Si necesitan material escolar o unas botas para ir a las prácticas, se los compra la hermandad».

Desde 2013, año del 25 aniversario de la coronación canónica de la Virgen de las Angustias, la hermandad Sacramental de Los Gitanos desarrolla un proyecto social de atención socio-educativa con menores de este asentamiento chabolista, el más antiguo de Europa. El objetivo, según explica su hermano mayor José María Flores, es «reducir o tratar de eliminar el fracaso escolar», en un principio, «favoreciendo el tránsito de Primaria a Secundaria», con menores de 11 y 12 años. Si bien, como advierte Javier, con los años y animado por «los buenos resultados» al «volcarse» la hermandad en esta labor, se decide ampliar el campo de trabajo, en buena parte, para realizar «un seguimiento» a los niños atendidos que iban creciendo. En este sentido, se añadieron dos etapas: «En Secundaria, con chavales de 12 a 16 años; y tras concluir la enseñanza obligatoria, con más de 16 años, «para continuar con la formación y favorecer la futura inserción laboral» de estos jóvenes que «viven en un contexto de exclusión social», expone Javier.

La tarea de Tomás y Javier, «un gitano y un payo», es compleja. «Lo mismo estamos en los colegios en los que están los niños que atendemos –que son varios– para hablar con el profesorado o bien dar refuerzo a los chavales en el recreo; que nos acercamos por las tardes, una vez que vuelven sus familiares de buscarse la vida, para realizar un acercamiento en cada caso, y concienciar y motivar para seguir con los estudios». Así, en esta apuesta «arriesgada» y «de continuidad» que Los Gitanos mantiene en solitario tras una primera etapa de convenio con la delegación de Bienestar Social del Ayuntamiento de Sevilla, la corporación de la Madrugá «establece lazos, puentes de unión entre el sistema educativo, la norma, el profesorado, la familia y los menores».

En esta multifución cada etapa requiere de un trabajo específico. Al igual que cada caso. «En Primaria, sobre todo es la motivación, pues al pasar de 5ª a 6ª de Primaria, surge la pregunta ‘¿qué hacer?’, ‘¿seguir?’. Empezamos a construir un proyecto de vida para que los alumnos pasen a Secundaria», detalla Javier, quien dice que a todo ello se suma «la concienciación con la familia, no porque no quieran que vayan a clase, sino por las taras y las dificultades que tiene que ser y de vivir en un contexto de exclusión social». También con el profesorado, «para que entiendan ciertos puntos que no sean entendibles o no se quieran entender».

En la actualidad, la hermandad de Los Gitanos asegura que ofrece esta atención personalizada a un total de 21 niños del Vacie. De momento, explican los técnicos, van obteniendo datos «muy positivos» en cuanto a la reducción del absentismo escolar. Durante el primer trimestre del año se ha reducido hasta «en un 11%». Si bien, lejos de caer en la complaciencia, se redoblan los esfuerzos para tender la mano «con los últimos de los últimos», como dice el Papa Francisco: «Si conseguimos que los niños del Vacie acaben su escolarización obligatoria, ya es. Y si además, porque tenemos fe en el Señor de la Salud, logramos que un chico del Vacie se inserte laboralmente, aunque sea de aprendiz, ya es... Y que sirva de referente, ya habrá merecido el trabajo de todos», confiesa Tomás, que recuerda la celebración de una escuela de verano con «actividades lúdicas, deportivas y de ocio», «de acercamiento a la cultura gitana» y de «refuerzo educativo»

El hermano mayor señala además que este compromiso cofrade no termina el 21 de junio, con el curso escolar: «Nosotros seguimos porque los niños del Vacie no se van de vacaciones». También la singularidad de ser la única entidad religiosa que se ha sentado en una mesa de educación junto a otras asociaciones que trabajan en este asentamiento. Para quienes conocen bien la zona, está claro: «En El Vacie no sobra nadie. Faltan manos, voluntades, recursos, gente convencida de ellos y fe. No se pisan los proyectos», concluye Tomás.


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