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50 años sin Boris Vian

Hay dos autores, y me quedo corto, que hasta fechas recientes no se habían descubierto en España, y con respecto a los cuales se acumula demasiado prejuicio e indiferencia. Uno es Stanislaw Lem, el gran autor polaco de quien ya he hablado aquí en alguna ocasión; el otro, Boris Vian, autor francés de quien se cumple este año el cincuenta aniversario de su muerte.

el 15 sep 2009 / 20:41 h.

Hay dos autores, y me quedo corto, que hasta fechas recientes no se habían descubierto en España, y con respecto a los cuales se acumula demasiado prejuicio e indiferencia. Uno es Stanislaw Lem, el gran autor polaco de quien ya he hablado aquí en alguna ocasión; el otro, Boris Vian, autor francés de quien se cumple este año el cincuenta aniversario de su muerte.

Y, precisamente, con el más luctuoso de los pretextos, el Escenario de Culturales Contemporáneas Actual 2009 abrió ayer los actos de homenaje que se le van a tributar por toda Europa a Boris Vian. Pero, ¿de quién estamos hablando? En pocas palabras, de un genio polifacético que no fue sólo escritor, sino músico, trompetista, guionista, ingeniero, traductor, fanático de los coches y rey de la noche, pero que, sobre todo, estaba vivo, vivísimo. Tanto que nos asusta saber que aquel hombre tan vivo nos abandonó con 39 años, tan sólo. Conviene traer aquí a la memoria aquello que, en el filme Blade Runner, le dice el creador a su criatura: "La estrella que brilla con más intensidad siempre dura menos".

Y Boris Vian, otra cosa no hizo, pero brillar con intensidad, pueden ustedes jurarlo. Autor de títulos tan subyugantes como Escupiré sobre vuestra tumba, Que se mueran los feos o El arrancacorazones, tampoco resulta justo aludir sólo a su vena paródica, como se hace a menudo. ¿Qué decir entonces de una novela como La espuma de los días, cuya trama, rebosante de emoción contenida, se vertebra en torno a la angustia de dos enamorados cuya casa se va haciendo cada vez más y más pequeña?

Es de lamentar cómo nuestro país va con tanto retraso con respecto a otra Europa. Y, por favor, no confundamos la pujanza económica con la cultural. Hoy por hoy, España sigue a la cola del continente, pese a lo que antaño hicieron por nosotros los fondos de cohesión. Olvídese pues del marketing, y lea usted algo de Boris Vian, siquiera sea por llevarle la contra a la lista de libros más vendidos.

Quien se atreva con él se sentirá deslumbrado por esa mezcla de lirismo y mordacidad. La verdadera inteligencia es siempre devastadora, como el sentido del humor, y, como es sabido, si hay algo que la respetabilidad no tolera es el sentido del humor inteligente. De ello pueden dar fe los poderes más consolidados de esta España nuestra.

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