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'Alan Wake': ¿Miedo a la oscuridad?


el 12 may 2010 / 18:30 h.

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La página en blanco. La depresión. La tristeza. Un viaje al paraíso en busca de respuestas y un destino que no es lo que dice ser y en cambio se parece de forma inquietante a nuestras peores pesadillas. Es la historia de Alan Wake, un escritor bloqueado que viaja con su esposa, Alice, a un lugar tranquilo, Bright Falls, que pronto se convierte en un infierno potenciado por la amnesia que aqueja al protagonista, los misteriosos acontecimientos que rodean la desaparición de Alice y el comportamiento cambiante y oscuro  de los habitantes del lugar.

Si bien Alan Wake no aterroriza de forma tan primaria como los clásicos Silent Hill, sí consigue que durante todo el desarrollo flote en el ambiente una constante sensación de que algo va mal, de  que los lugareños y el pueblo ocultan un oscuro secreto en las engañosamente tranquilas sesiones de investigación matutina en busca de Alice y que se desvela siempre que cae la noche y el mal se desata.

Es en estos cambios temporales donde el juego revela su verdadero poder de atracción al no seguir el método tradicional de los ciclos de tiempo sino que, con la ayuda de elaborados artificios gráficos y cambios en los personajes, hace dudar al jugador sobre si realmente se encuentra ante el anochecer o si, por el contrario, es la maltrecha mente del protagonista la que genera la oscura pesadilla en la que se convierten los periplos nocturnos.

Las largas noches no sólo se diferencian de las plácidas mañanas en la iluminación, prodigiosa desde el punto de vista técnico en ambos casos, sino también en que cuando llegan el juego muestra al Mr. Hyde que lleva dentro y se desmelena en un torrente de acción, disparos y luz francamente innovador y lleno de diversión.

Los combates nocturnos son parte de las innovaciones de Alan Wake, sobre todo el tipo de armas que se pueden usar y que van desde el tradicional revólver a casi todo lo que se pueda blandir, pasando por el más curioso de todos: la linterna, que con su chorro de luz ayudará a limpiar el halo de oscuridad que rodea a los poseídos habitantes de Bright Falls para así acabar con ellos con los más prosaicos balazos de rigor. El único pero en este punto es el uso de la magnífica banda sonora que, al anunciar los peligros, puede restar algo de sorpresa, lo que se olvida ante la brillantez de las refriegas.

La luz es, por tanto, el mejor de nuestros aliados en esta lucha contra las oscuras fuerzas que han tomado el idílico lugar y frente a las cada vez más tenebrosas, violentas y vívidas pesadillas de Alan Wake, plasmadas en las páginas del libro que no recuerda haber escrito y que, a modo de pista, se encuentran misteriosamente desperdigadas por los bosques que rodean al pueblo. La evidente metáfora, aderezada con los brillantes giros de guión y la construcción por capítulos que siempre quedan en el aire, hacen que la experiencia sume puntos cada vez que se cierne la oscuridad.

Remedy ha apostado muy fuerte en su retorno tras el gran Max Payne y logra un título con una marcada personalidad cimentada en un guión brillante de innovadora narrativa, elaborados personajes, un nivel gráfico muy avanzado y una jugabilidad equilibrada, aunque podría haber aprovechado mejor los recursos de la historia.

Si se asume que, en realidad, tenemos ante nosotros un gran shooter  salpicado de misterio y no un típico juego de terror de supervivencia y se pasa por alto que algunas situaciones pueden llegar a ser repetitivas, la impresión es que nos encontramos ante uno de los juegos más sorprendentes de 2010, que  intriga con su incierto desenlace y divierte muy por encima de la media. Un despliegue de medios que lo convierten en uno de los títulos más importantes del año.

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