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La explosión accidental del motor del barco causó la muerte de Álvarez Colunga

La esperanza se esfumó a las diez de la mañana, cuando el forense dio el diagnóstico: Rafael Álvarez Colunga era el hombre que desde el sábado descansaba en un tanatorio de Huelva tras saltar por los aires con su lancha. Hay dos posibles causas: el fallo del motor o una mezcla de cigarrillo y gasolina que acabó en tragedia.

el 15 sep 2009 / 20:17 h.

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La esperanza se esfumó a las diez de la mañana, cuando el forense dio el diagnóstico: Rafael Álvarez Colunga era el hombre que desde el sábado descansaba en un tanatorio de Huelva tras saltar por los aires con su lancha. Hay dos posibles causas: el fallo del motor o una mezcla de cigarrillo y gasolina que acabó en tragedia. La investigación será larga.

La confirmación oficial de la muerte del ex presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía se produjo gracias a la comparativa entre las placas dentales del cadáver hallado en Mazagón entre los restos de una lancha destrozada y las radiografías aportadas por el dentista habitual del empresario. Era la manera más fiable de ponerle nombre a ese cuerpo, dado su precario estado, completamente calcinado tras la deflagración. Si la zódiac era de Colunga y sólo se había encontrado un cuerpo tras el siniestro, el resquicio para la esperanza, la posibilidad de que no fuese él el fallecido, eran mínimas, pero lo cierto es que el dictamen irrefutable del forense hundió a los familiares. Según los análisis, tanto la forma como las piezas dentales eran claramente las de Colunga. Ya no hace falta la prueba de ADN, para la que se había tomado muestras en la tarde del domingo tanto al cuerpo como a los familiares del empresario.

El estudio del forense, explicaron ayer fuentes de la investigación, constata que ha sido casi un milagro que se haya podido recuperar el cuerpo. Por fortuna, aún conservaba aire en los pulmones cuando Salvamento Marítimo lo rescató. Eso fue lo que permitió que flotara. De lo contrario, con la violencia de la explosión, estos restos se hubieran hundido y la desaparición de Colunga "nunca" se habría aclarado, añaden los investigadores. Ahora se sabe que la parada cardíaca que le causó la muerte se produjo como consecuencia del impacto de la onda expansiva. Las piezas, lamentablemente, empezaban a encajar.

Todo se aclaraba conforme pasaban las horas, todo, menos las causas del accidente, una cuestión que requiere mucho más tiempo. Según confirmaron estas mismas fuentes, dos hipótesis toman fuerza tras las primeras horas: la primera, la posibilidad de que el motor de la zódiac de ocho metros que pilotaba Colunga sufriera un fallo en el motor, una tesis "algo complicada" teniendo en cuenta lo "precavido" que era este capitán de yate titulado. La segunda posibilidad, afirman los investigadores, es que se produjera una explosión como consecuencia del contacto entre la colilla de un cigarro y el combustible o los gases de la nave, bien por un descuido accidental, bien por una caída, un golpe de mar o cualquier otra incidencia.

Hay una cosa segura, que desmiente los datos que trascendieron inicialmente: la embarcación primero explotó y luego se incendió. Eso explica por qué Colunga no saltó por la borda si vio las llamas, por qué no intentó salvar su vida. El informe forense confirma que las heridas detectadas en su cuerpo pertenecen a una deflagración; las quemaduras son posteriores.

Accidentes de semejante magnitud son "poco corrientes" en las zódiacs, confirman fuentes del Instituto Armado, pero no lo son tanto en el modelo de Colunga, una semirrígida pesada. Estas barcas, con un único motor pero muy potente, sí pueden generar una deflagración "capaz de quitar la vida al piloto". En el caso del farmacéutico de Morón, "siempre llevaba el depósito lleno por precaución", sostienen sus allegados.

Precisamente la pasada semana la embarcación se estropeó, se quedó sin timón, en una zona muy próxima a donde se produjo la explosión que le costó la vida el sábado, cuando salió a navegar y a presenciar una regata, a unas seis millas de Mazagón (Huelva). Con sus dotes de piloto, consiguió regresar a tierra sin problemas; una vez en el dique, cambió el motor y precisamente en la tarde en que ocurrieron los hechos había salido a probarlo.

Como confirmó ayer el delegado del Gobierno en Andalucía, Juan José López Garzón, Colunga subió solo a la lancha, pese a que se ha especulado con que alguien -un piloto de la zona o un mecánico- le acompañaba. No es así. El empresario navegó sin nadie a su lado, como constatan numerosos testigos presenciales, igual que horas antes comió solo en un restaurante del puerto deportivo, en el que incluso dejó una bolsa con recados, con la promesa de recogerla a la vuelta. Garzón añadió que el accidente -pues no hay ni un solo indicio para pensar en un sabotaje- se produjo muy rápido, lo que hizo que el fallecido se viera "preso" de las llamas.

A la espera del juez. En la mañana de ayer, ante la "complejidad" de la investigación, cundió el desánimo entre varios de los familiares de Colunga, reunidos en el Tanatorio Atlántico de Huelva. Parecía que el caso era imposible de resolver, pero no es así. La Policía Científica de la Guardia Civil tiene medios suficientes como para dilucidar "con exactitud" lo ocurrido en la tarde de la tragedia. Lo que necesitan para ello es contar con todos los restos que quedan de la zódiac, que no son muchos y que se encuentran en su mayoría hundidos en el punto del accidente. En el puerto de Mazagón sólo hay algunas gomas que no aclaran qué pasó, pero bajo el mar sigue la cubierta sólida, rígida, de la barca y los restos del motor. En el momento en que el juez que instruye el caso ordene que se saque la barca "puede haber respuestas en un breve plazo".

Los familiares y amigos del Lele, como todos lo llamaban, se mostraron ayer "muy satisfechos" con los "esfuerzos" tanto de los forenses como de la Guardia Civil por aclarar el caso en el menor tiempo posible. Algunos de ellos se lamentaban del tiempo perdido para la investigación en el intervalo entre que sucedieron los hechos y que no se pudo levantar el cadáver, y más aún hasta que se especuló con la posibilidad de que se tratara de Colunga. Su esposa, que estaba en Sevilla, no lo localizaba porque no se había llevado el móvil. Fue por la noche, al ver que no regresó a su casa recién estrenada en Mazagón, cuando llamaron a la Benemérita.

Fuentes muy cercanas a la familia añadieron que, además, humo "mucha confusión" para conocer de quién era el barco. El motivo es que zódiacs como la de Colunga son muy usadas por narcotraficantes, lo que en un primer momento hizo pensar que se trataba de un accidente en la embarcación de uno de ellos, que podría estar aprovechando que toda la vigilancia estaba centrada en la regata para intentar un porte. A las nueve de la noche esta hipótesis quedó descartada.

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