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Salud

La prevención de un ictus o cómo ponerle freno al estrés

Ejercitar ese músculo llamado cerebro con ejercicio físico, eventos sociales y algún viaje, clave para mantener la mente sana.

el 14 abr 2014 / 23:30 h.

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_MG_4752AA El ictus se ha convertido en la epidemia del siglo XXI. Afecta a 130.000 personas al año y, en un porcentaje reseñable deja secuelas como, por ejemplo, la hemiplejía –inmovilidad de parte del cuerpo– o la afasia –incapacidad de comunicarse–. El Observatorio del Ictus, en el que están integradas varias sociedades científicas como la de Neurología (SEN) de Cardiología (SEC) o de atención primaria (Semergen y SemFYC), estima que hay 300.000 españoles con alguna limitación en su capacidad funcional tras haber sufrido lo que, en la práctica, es «el equivalente en el cerebro a un infarto de corazón». Ante esa alta prevalencia –calculan que uno de cada seis españoles sufrirán un ictus a lo largo de su vida–, la pregunta es obvia. ¿Qué se puede hacer para prevenir antes de curar? Partiendo de la base de que existen terapias con las que los pacientes mejoran tras sufrir un accidente cerebrovascular, la realidad es que la mejor manera para evitar un ictus pasa por «huir del estrés» y «ejercitar el cerebro». Porque, al fin y al cabo, es un músculo más del organismo. A esa conclusión llega Aarón F. del Olmo, neuropsicólogo clínico de la Asociación para la Rehabilitación y la Prevención de la Afasia (ARPA) e investigador en neurociencia, que esboza consejos útiles que sirvan como barrera. «Los ictus están de moda porque nuestro tren de vida nos lleva a hábitos de vida poco saludables», explica. No es, lejos de lo que se pueda imaginar, por la alimentación o el ejercicio físico, de lo que «los españoles ya han aprendido», sino en el control del estrés. Del Olmo avisa de que lo mejor es «saber pararse» y, «aunque estés hasta arriba de demandas» tener «cierto autocontrol y saber delegar» en el trabajo. De hecho, algunos de los casos que ha tratado son altos cargos de empresas que «no paraban ni un segundo». Además, recomienda que se practique actividades deportivas, que sirve para «oxigenar el riego sanguíneo», viajar o el desarrollo de actividades sociales. Al hilo de ello, señala que está constatado que las personas que viven solas tienen más riesgo de padecer un ictus. «El cerebro envejece, pero el ritmo en el que lo hace depende de la persona», manifiesta este neuropsicólogo, que reivindica que tal consigna es aplicable a los que padecen un ictus. Y es que hay dos formas de prevención: el de evitar el primer ictus y, segundo, el de trabajar que no vuelva a producirse estos episodios a la par que contribuye a la mejora del paciente de las secuelas que arrastre. «Por eso se detectan casos de recuperación total tras sufrir un accidente cerebrovascular», remarca. A esa segunda variable, para tratar a pacientes que tienen secuelas tras padecer un ictus, es a lo que se dedica este neuropsicólogo en las instalaciones de la Gota CEM, sede de la asociación ARPA, que atiende a personas con afasia. De hecho, es un convencido de las terapias que se practican en este centro, que van desde el yoga hasta el feldenkrais, un método que reconoce «que está muy de moda» y que arroja buenos resultados. Como complemento, están las sesiones grupales, que sirven para ese reto de trabajar el cerebro. Porque Aarón F. Del Olmo parte de la base de la recuperación del cerebro. Es más, parte de la base de que las personas mayores mejorarían su estado mental si el Estado apuesta por universidades de mayores más que por residencias. «Hay que apostar por el reciclaje», indica, para lo cual se agarra a una tesis, que ha elaborado, en la que, tras analizar a 800 personas que acuden a la universidad de mayores, ha podido comprobar que, dos años después, había descendido su nivel de depresión y fortalecido su desarrollo cognitivo.

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