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La vida se normaliza en la Corrala Utopía

Las familias que ocupan un bloque vacío en San Lázaro se organizan el día a día.

el 18 may 2012 / 21:23 h.

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Ana es una de las tres cocineras “oficiales” designadas por las 20 familias que desde el miércoles ocupan un bloque de viviendas nuevas sin vender junto a la glorieta de San Lázaro. Ayer tocaba “lentejas con ensalada”, hechas en la vitro del piso piloto, el único totalmente equipado. Su nieto Víctor le llevó la olla exprés, subida con una bolsa y una cuerda a modo de polea por el balcón. “Cuando mi abuela me contó que iba a ocupar un edificio me quedé un poco flipando, pero viendo la situación en casa, que el casero nos va a echar porque debemos tres meses de alquiler, la apoyé”, relata. Víctor vivía en ese piso, próximo al ocupado, del que están a punto de desalojarles con sus abuelos –el marido de Ana lleva 20 años incapacitado y se ha ido con una hija–, su madre (que ha ocupado el edificio con su abuela) y su hermana pequeña, a la que han mandado con su tía. Víctor se ha quedado en el piso y echa de menos los guisos de su abuela. “Ahora estoy a base de bocadillos”, admite desde la calle mientras su madre y su abuela le pasan por el balcón sus medicinas para la alergia.

En la autodenominada Corrala La Utopía, apoyada en su acción por el 15M, todas las tareas están repartidas. La cocina es cosa de Ana, Mercedes y Manoli, porque son profesionales de los fogones. Comen todos juntos en el piso piloto, el centro neurálgico de la vida en común y donde más muebles tienen. En el resto de los pisos solo duermen, en “colchones y camas, nada de sacos” o los usan para “tener también un poco de intimidad”.Han venido aprovisionadas de víveres –tienen dos neveras en total ya que, a la par que la ocupación, se apañaron las tomas de luz y electricidad, al tiempo que se cambiaron las cerraduras– aunque miembros del 15M, y alguna que otra donación voluntaria como la de una trabajadora de un supermercado cercano, completan el suministro.

La limpieza se la reparten. De momento no tienen lavadora, explica Mari Carmen, que ha ocupado uno de los pisos con su yerno, que está en paro. Su hija cobra el salario mínimo por lo que la pareja “aún no ha dejado de pagar el alquiler pero viven gracias a nuestra ayuda”, señala. “Lo primero que hacemos cada día es tener una reunión para repartir las tareas”, destaca Mari Carmen. No tienen tele pero no se aburren. “No hay tiempo entre reuniones, organizarnos, las tareas, atenderos a los periodistas y lo que va surgiendo”, dice.

mediación del defensor. Ayer, por ejemplo, una representación de las familias, acompañadas por el 15M y la Asociación Pro Derechos Humanos, se reunió con el Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, que se ofreció como mediador y abrirá una queja de oficio para reclamar información sobre la situación al Ayuntamiento y a la Junta de Andalucía. La mayoría de estas familias han sido desahuciadas, o están a punto de serlo, de sus viviendas en Pino Montano y la Macarena. El bloque ocupado lleva dos años terminado pero no se ha vendido ni un piso y la primera empresa propietaria quebró.Miembros del 15M hacen guardia permanente en la puerta y durante todo el fin de semana se celebrarán concentraciones de apoyo a las 20.00 horas. La Policía se pasa regularmente. Lo hizo la madrugada del jueves y también el viernes por la mañana. Pregunta y pide documentación pero “sin orden judicial les decimos que no pueden identificar”, explica Antonio Buenavida, de la Comisión de Vivienda del 15M. También montan guardia para que no se sumen espontáneos. “Ya se han presentado rumanos y demás diciendo que ellos también quieren ocupar y les decimos que vale pero de manera organizada, que contacten con la Asamblea de Macarena, porque esto se lleva preparando dos meses”, cuenta Buenavida.

Lo que tienen claro estos vecinos de la Corrala Utopía, la mayoría mujeres, es que “miedo no hay ninguno, nos quedamos aquí pase lo que pase”, proclama Aguasanta. Les asesora la Asociación de Juristas 17 de marzo y afirman que no tienen nada que perder. La crisis les quitó su techo pero no su derecho.

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