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Muere Rafael Álvarez Colunga, un personaje irrepetible

La trágica y confusa muerte de Rafael Álvarez Colunga, a los 71 años, sorprendió ayer por igual a sus amigos y a todo el tejido institucional y empresarial andaluz. Los últimos años los vivió Rafael bajo el estigma de la enfermedad.

el 15 sep 2009 / 20:15 h.

La trágica y confusa muerte de Rafael Álvarez Colunga, a los 71 años, sorprendió ayer por igual a sus amigos y a todo el tejido institucional y empresarial andaluz. Los últimos años los vivió Rafael bajo el estigma de la enfermedad. Se sentía acosado por la muerte, fue intervenido quirúrgicamente y la superó, aunque en sus confesiones más íntimas no dudaba en expresar su amargor por no estar en plenitud de forma. Era la mejor definición de un personaje irrepetible, perito como pocos en el oficio de vivir, maestro en la difícil responsabilidad de emprender y master magister en el arte de liderar. Con Rafael Álvarez Colunga se va el paradigma de una forma de entender la existencia: desde el compromiso y la amistad sincera, lo que no le eximía de comportamientos controvertidos. Pocos han logrado ser perdonados por sus frivolidades. "Son las cosas de Lele". El entrecomillado fue su salvoconducto para conservar amistades y cómplices en cada camino que emprendió, que fueron muchos y en su mayoría prósperos y florecientes. Álvarez Colunga, nacido en Morón de la Frontera en 1937, farmacéutico, empresario y promotor de cuanto acontecimiento social -monumentos, homenajes o jornadas- fuera necesario, fue además un andaluz cabal. Más allá de doctrinas oficiales y definiciones canónicas, Lele Colunga tenía una idea de Andalucía. "Se pongan como se pongan, Andalucía es un país", repitió hasta la saciedad. Ni le importaba lo que pensaran los demás ni pretendía participar en debates reglados sobre los estatutos de autonomía, para él, Andalucía era la tierra madre, el sentido de buena parte de sus días, el anhelo de sus emprendimientos y el territorio sobre el que se desarrolló la Confederación de empresarios que ayudó a crear, que presidió con indiscutido liderazgo durante años y que hasta ahora presidía honoríficamente.

Para Rafael Álvarez Colunga el futuro de Andalucía fue siempre una preocupación. Superada cualquier adscripción política, libre en sus alineamientos y con un bagaje reconocido de militancia democrática y de ayuda en la clandestinidad a destacados luchadores por las libertades, podía permitirse como pocos una libertad de declaraciones y de actuación extraordinaria. No dudó en criticar a ministros del PSOE y del PP, así como de mantener amistad y afecto con ejecutivos de ambos partidos. Empeñado en que el progreso andaluz también pasaba por la musculatura financiera, ya intentó hace 20 años constituir el Banco de Fomento de Andalucía, un intento que quedó varado en la arena, pero que ha tenido su continuidad hace sólo dos años con el intento de implicar a destacados empresarios andaluces en la constitución o compra de una entidad bancaria que, desde Andalucía, contribuyera al desarrollo de esta tierra. El flamenco, los carruajes, los toros o la navegación fueron otros perfiles destacados en su semblanza, aunque posiblemente menos definitorios que aquellos que pujaban por el compromiso empresarial y el desarrollo de nuestras potencialidades por las que trabajó este andaluz profundo. Deja viuda, un hijo y un sinfín de amigos. Se le echará de menos en muchos frentes, pero sobre todo en el de la vida. Descanse en paz.

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