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Otro golpe más a la cúpula criminal de ETA

Todavía con el regusto amargo de asesinato del empresario guipuzcoano Ignacio Uría cometido este pasado jueves por dos pistoleros etarras, el puente de la Constitución y la Inmaculada acababa ayer con la feliz noticia de la detención de Aitzol Iriondo, considerado por Interior como el nuevo jefe militar de la banda terrorista ETA.

el 15 sep 2009 / 19:35 h.

Todavía con el regusto amargo de asesinato del empresario guipuzcoano Ignacio Uría cometido este pasado jueves por dos pistoleros etarras, el puente de la Constitución y la Inmaculada acababa ayer con la feliz noticia de la detención de Aitzol Iriondo, considerado por Interior como el nuevo jefe militar de la banda terrorista ETA tras la detención, hace hoy 22 días, de Mikel Garikoitz Aspiazu, alias Txeroki. Iriondo fue detenido a las seis de la tarde cuando acudía a una cita en una iglesia de Gerde, en el sur de Francia, en la que iba a reunirse con Eneko Zarrabeitia y Aitor Artetxe, quienes, presumiblemente, también formarían parte de la nueva cúpula militar de la organización. Los tres cabecillas respondían al perfil casi natural de estos nuevos líderes terroristas, con edades comprendidas entre los 34 y los 27, años y, por tanto, demasiado jóvenes, para haber ascendido tan rápido a lo más alto del escalafón criminal de la banda. Con todo, el hecho más relevante no es ése, sino otros dos ligados a la eficaz acción de la Gendarmería francesa y de la Guardia Civil española: Iriondo sólo ha durado tres semanas como jefe militar de los terroristas y su detención ha permitido el tercer descabezamiento de la banda asesina en tan sólo siete meses, tras la detención en mayo de Francisco Javier López Peña y, en noviembre, del mencionado Txeroki. Estos éxitos policiales, teñidos de negro por el crimen de Azpeitia, son fruto una vez más de la colaboración prestada por el Estado francés, cuya gran labor ha permitido que la consideración de Francia como santuario de los etarras haya pasado al olvido. Por desgracia, la debilidad demostrada por ETA no le impide la comisión de atentados tan execrables como el de la pasada semana, pero con operaciones como la de ayer se demuestra, por si hubiera alguna duda, que todo aquel etarra que mata u ordena matar a alguien termina donde tiene que acabar: a disposición de un juez y en la cárcel.

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