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Regreso a la Edad Media

Haga de usted un alfarero medieval, acuñe monedas o conviértase en un juglar. La magia del Medievo llega a los Jardines del Prado.

el 12 may 2010 / 21:10 h.

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Elija entre ser judío, musulmán o cristiano, parta rumbo a los Jardines del Prado y siga las recomendaciones para evitar contagiarse no de gripe A, sino de peste negra. Porque, desde mañana hasta el próximo domingo 16 de mayo, la delegación Distrito Sur y la hermandad Nuestra Señora del Sol le invitan a disfrutar de la Edad Media con la sexta edición del Mercado Medieval.

Y no crean que para ello deben cargar sus bolsillos de euros; tampoco la talega de maravedíes. La entrada al Medievo, con sus más de 60 espectáculos -a cargo de la empresa valenciana La fragua de Vulcano-, es gratuita. Ahora bien, si entre el siglo V y el XV el hambre era inversamente proporcional al estatus social al que se pertenecía, mate la gula con el bendito tupperware del siglo XXI y evite así inmiscuirse sin quererlo en el tercer estado: la porción de pizza se concede honorariamente a la nobleza y el clero a partir de los 4 euros, y la lata de refresco acompañada de una ración de 350 gramos de longaniza o morcilla se sirve desde los 17 euros. Porque el embutido, al parecer, es de origen medieval, otra época de mucho choricear.

Así, a partir de las 18.00 horas, Lomar el Pregonero se encargará de la inauguración del mercado anunciando, además de los edictos reales y papales, los espectáculos previstos para la tarde: la exhibición de cetrería, el tiro con arco, la danza de abanicos de seda para conmemorar a la naturaleza y la actuación de música antigua a cargo de la banda Nuestra Señora del Sol son los platos fuertes del jueves -a falta de pan, buenas son las funciones-. Pero la comilona medieval se prolonga durante todo el fin de semana. El viernes, la muchedumbre dejará atrás las murallas de la fortaleza -que son más bien las verjas de los Jardines del Prado- y realizará, a partir de las 11.30 horas, un pasacalles por la ciudad. Tras la marcha popular, llegará la hora de los talleres: conviértase en un herrero de la Casa Real y trabaje en la ceca acuñando monedas; o sea alfarero y realice un búcaro mozárabe -o un botijo español, que es lo mismo-. Más le vale extender su jornada laboral, porque a las 20.00 horas los leprosos pueden contagiarle, y de ser así, el sábado sonaría su campana mientras presencia la muestra de armas antiguas (a las 11.00 horas) o el torneo de caballeros (a las 19.30 horas).

Las posibilidades que la villa medieval de los Jardines del Prado le ofrecen no son para dejarlas de lado. Es probable que no le gusten las representaciones históricas, que no sea de su agrado intervenir sin quererlo en teatros improvisados, pero piénselo detenidamente: ¿volverá acaso a tener la oportunidad de convertirse en un caballero o en un aristócrata? O mejor, ¿tendrá algún día -de sus días diarios- la ocasión de ser un juglar para burlonearse sin consecuencias de un rey, un marqués o un gran vasallo? Sea como sea, y por la razón que fuera, 180.000 personas visitaron el Mercado Medieval de Sevilla durante los cuatro días que también duró el año pasado. Pasacalles, malabares, saltimbanquis, equilibristas y músicos conforman el evento con mayor número de espectáculos que se celebra en la ciudad. Además, en esta edición la Asociación Andaluza de Esgrima Antigua también soporta el sacrificio personal de los guerreros medievales para servir a los ideales y a la muchedumbre, excusa perfecta para exhibir una disciplina occidental de artes marciales en ocasiones olvidada.

Oriundos y forasteros despedirán el mercado el domingo entre sones, danzas y fuegos. La Edad Media marchará, y con él los cristianos y sus sayales, los prestamistas judíos, los alfareros mudéjares. Quedará asina el recuerdo del VI Mercado Medieval que entre todos ellos en Sevilla ficieron.

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