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San Jerónimo cumple seis siglos

Tras años de abandono, el monasterio de Buenavista encara la fase final para albergar un centro cívico que podría abrirse a final de año. Posada de reyes, fábrica de vidrios, criadero de cerdos... su reto sigue siendo darse a conocer.

el 11 feb 2014 / 23:15 h.

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IMG_2733 Un día como el de ayer, pero de 1414, la ciudad de Sevilla acogió los actos de consagración católica del monasterio de Buenavista de San Jerónimo. Una procesión recorrió las calles desde la antigua Catedral hasta Buenavista, con el cabildo catedralicio y el municipal en pleno. La ciudad le dio una gran importancia a un acto que empezaba a escribir la historia de un edificio que hoy celebra su cumpleaños gracias, sobre todo, a sus vecinos. Esta vez no toda la ciudad se ha implicado, sólo un barrio. Y es que el monasterio de San Jerónimo, alejado de los circuitos históricos y turísticos, alejado del Centro, sobrevive gracias a su barrio. Su última rehabilitación, que terminará este año, es un buen ejemplo de las vicisitudes que ha tenido que soportar. Pero empecemos por el principio. El monasterio se fundó en 1413 por fray Diego de Sevilla, jerónimo que provenía del monasterio de Guadalupe, y acabó de construirse en 1450. Los siglos XV, XVI y XVII fueron los de su esplendor. Como explicó ayer el arquitecto encargado de su última restauración (hasta su reciente jubilación), José García-Tapial, la dinastía de los Austrias encumbró este monumento nacional desde 1964. La orden jerónima, que se había hecho con el edificio un mes ante de su consagración, era de las más importantes del país en el siglo XV. Su disciplina estrictamente española, que no dependía del Papa, casó a la perfección con la dinastía de los Austrias, de ahí que Carlos V pernoctara la noche anterior a su boda en San Jerónimo y que allí recibiera las llaves de la ciudad. Felipe II, Felipe IIIy Felipe IV también pasaron noches en el monasterio como paso previo a sus llegadas a Sevilla. Y era paso obligado para realeza y nobles porque la orden jerónima estaba formada por aristócratas e hijos de éstos, por personas cultas que hacen que desde el principio la orden esté apoyada por el poder civil y religioso. Precisamente, este origen aristócrata y culto de sus miembros hace que estén interesados por las artes y los inventos como la imprenta desde un primer momento. Por eso no es de extrañar que los más importantes arquitectos y pintores del siglo XV participaron en sus obras y que en San Jerónimo estuviera la imprenta de las Santas Gulas de las cruzadas y que allí se imprimiesen los primeros documentos que llegaron a las Indias. 600 años después, donde estaba la imprenta está ahora la biblioteca del barrio. Lo cierto es que en el edificio trabajaron los arquitectos de vanguardia de la época, los mejores del Renacimiento: Diego de Riaño, Martín de Gainza, Hernán Ruiz, Miguel de Zumárraga... «Yson visibles las huellas de los cuatro mejores arquitectos sevillanos del Renacimiento», apunta el también arquitecto José García-Tapial. Y no sólo eso, los Jerónimos apadrinaron a Zurbarán y le dieron una casa en Sevilla como estudio para que realizase su obra para Guadalupe, para la sacristía del monasterio de San Jerónimo recurrieron a Valdés Leal, encargándole nada menos que 18 cuadros. Buenavista fue punta de lanza desde el punto de vista cultural en Sevilla. Torrigiano, Valdés Leal, Murillo y Zurbarán... Pero los buenos tiempos no duran siempre. Fue cayendo en una decadencia progresiva hasta que en el siglo XIX, con la desamortización de Mendizábal, el monasterio paso a manos privadas. La orden nunca vuelve a reconstruirse. El monasterio pasa a ser una fábrica de vidrio y se decide instalar el gran horno en el centro de la iglesia. Una mala idea que llevó a su destrucción total por culpa de un incendio. Sólo quedó un muro lateral. Hasta desapareció la escalera de caracol que llevaba hasta su torre, con campanario y espadaña, obra de Hernán Ruiz II, autor del último cuerpo de la Giralda. Después llegó la etapa de los expolios. Sólo quedó el gran claustro renacentista, pero el otro, al Este, formado por columnas de mármol fue destrozado y vendido pieza a pieza. Pasó el tiempo y el monasterio se convirtió en un criadero de cerdos y, después, en cortijo. Hasta tenía un pequeño tablao. En 1968, un terremoto hizo caer bóvedas que más tarde reconstruiría Rafael Manzano. Así lo cuenta García-Tapial en su libro El Monasterio de San Jerónimo de Buenavista, que en breve será reeditado por la Diputación. En 1983 el Ayuntamiento lo compra por unos 30 millones de las antiguas pesetas (180.000 euros) y gracias a la Expo 92 la comisión nacional del V Centenario hizo la primera inversión para su conservación. García-Tapial dirigió los trabajos. Se frenó el deterioro y se permitió que en los años 90 se usara el gran espacio del claustro renacentista como auditorio. Ahora las obras se rematan para que el edificio se convierta en un centro cívico para el barrio. El presupuesto total estimado en mayo de 2004 era de 2,5 millones de euros y el dinero de esta última fase es de 473.153 euros. Tras la rescisión del anterior contrato y un parón de más de dos años a consecuencia del pleito y de la crisis económica, los trabajos se han vuelto a adjudicar y deben durar seis meses. En verano debe acabar la obra civil que han dirigido Fernando Sánchez Navarrete y García-Tapial y a final de año el centro cívico debería estar abierto a los vecinos con todos sus equipamientos. Así, de ser una «caja cuadrada, un espacio vacío, un no edificio» se pretende convertir en un inmueble con un claustro y dos naves. Eso sí, éstas se reconstruyen sobre la cimentación de los antiguos muros. Volumétricamente volverá a su estado original. 2.400 metros cuadrados para talleres, aulas, salas para eventos culturales, salón de actos y biblioteca. Con seis siglos de historia, por fin volverá a tener vida para alegría de sus vecinos. El reto es que el resto de la ciudad también lo disfrute.

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