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Una escultora con nombre propio y premios

Inmaculada Quesada es una apasionada de la escultura. Desde hace tres años trabaja de manera profesional en un taller en su vivienda, donde exhibe ya cinco premios. El último lo logró hace unos días en la exposición de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría en Sevilla. Foto: J.M.

el 15 sep 2009 / 19:25 h.

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Inmaculada Quesada es una apasionada de la escultura. Desde hace tres años trabaja de manera profesional en un taller en su vivienda, donde exhibe ya cinco premios. El último lo logró hace unos días en la exposición de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría en Sevilla.

Esta escultora dedica gran parte del día a trabajar en el pequeño taller montado en su domicilio para poder al mismo tiempo ocuparse de sus dos hijos. "No quiero dejar de lado tampoco mi faceta de madre", comenta, mientras da los últimos retoques a su última creación, un bronce con la figura de un niño a tamaño natural que presentará en una exposición próximamente.

Esta vecina de La Rinconada, estudió Publicidad y posteriormente Bellas Artes, ya que siempre le había interesado el mundo de la pintura y la escultura. No obstante, no fue hasta hace tres años cuando comenzó a esculpir de manera profesional.

Pese a que reconoce estar muy satisfecha de la aceptación que está teniendo su trabajo en tan poco tiempo, prefiere ser cauta y, de momento, seguir estudiando e investigando tendencias y estilos, pues su objetivo es llegar a lo más alto en este mundo. "Sé que no es nada fácil, pero yo estoy todo el día estudiando, haciendo bocetos y conociendo las obras de otros artistas", apunta sin dejar de prestar atención a su trabajo. "Mi sueño sería ver expuestas algunas de mis obras en el Guggenheim de Bilbao", apostilla.

Si se le pregunta por su estilo, confiesa que todavía no lo tiene totalmente definido. "Estoy investigando todos los materiales, el mármol, el barro, el hierro y el bronce, porque quiero conocerlo todo y más adelante ya definiré mi estilo", explica.

Rutina. Su día a día consiste en trabajar durante toda la mañana en sus creaciones (generalmente lleva varias a la vez), y por las tardes y noches estudiar todas las tendencias y las exposiciones que se ponen en marcha para visitarlas cada vez que tiene tiempo con su marido, con quien comparte esta afición.

Su pasión por la escultura llega a tanto que lo considera un estilo de vida y es que para ella la mejor manera que tiene de expresarse es a través de esta práctica. "Yo siempre estoy pensando en mis bocetos inconscientemente y observando posturas de mis hijos o cualquier cosa que me llame la atención para utilizarlo como una obra", precisa.

Entusiasmada, cuenta que ahora mismo está trabajando en el busto de una niña con un vestido largo hecho todo de forja y piedras artificiales, pues uno de sus maestros es Eduardo Chillida, aunque tampoco olvida a Antonio López y su realismo. "De hecho, empecé haciendo obras realistas, lo que pasa es que quiero abarcarlo todo para ir probando y ahora indago más con las formas y voy más allá", aclara.

En estos momentos tiene obras expuestas en Sevilla, Madrid, Álava, Andújar (Jaén) y Rota (Cádiz), entre otros lugares. Esta escultora de La Rinconada, incansable en su propósito, busca tener nombre propio en el mundo de la escultura y de momento lleva un buen camino.

Por lo menos, no le falta el trabajo, a juzgar por lo atareada que se encuentra en su taller y donde combina la elaboración de encargos con sus propias propuestas, de manera que poco a poco va labrándose una carrera con mucha proyección desde este municipio de la comarca de la Vega donde reside. Paralelamente, se garantiza la conciliación de la vida laboral con la familiar al haber instalado el taller en su vivienda para ocuparse más cómodamente de sus hijos.

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