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In fraganti

Madre sin hijo, esposa sin marido

Las falsedades traen consecuencias. Ante juzgados, policías o notarios mentir es más delito. Una sevillana falsaria quedó impune. Está ya muerta, pero no de maldad.

Juan-Carlos Arias jcdetective /
21 nov 2020 / 04:00 h - Actualizado: 21 nov 2020 / 04:00 h.
"In fraganti"
  • Foto: Andalucía Viva
    Foto: Andalucía Viva

Si los muertos hablaran.... Hay historias reales que sucedieron, que parecen increíbles. Insólitas. Sobre todo, porque invitan a que haya una especie de licencia excepcional de resurrección para que se explique el/la difunto/a que causa un lío con final nada feliz. La maldad humana es el primer ingrediente que podemos añadir a un complejo lío cuya batalla, quien la emprendió, la tiene perdida de antemano. Vayamos por partes [cronológicas], como diría Jack El Destripador:

Notaría de Sevilla. Mayo de 2002

Una Señora bien vestida, con buenos modales y ceremoniosa con el oficial del fedatario, espera paciente. Se acomoda en un sofá junto a un tipo con pinta anglo, rubito, con pecas y arrugas. Los dos esperan a que a ella le toque el turno para acceder a una sala donde un notario otorgará escritura de testamento.

La Señora, la llamaremos Doña María, no disimula la alegría por regresar a la Sevilla que le vio nacer. Ella vive en Palma de Mallorca donde tiene un espacioso piso en su paseo marítimo. Además de tener la propiedad de la vivienda que habita con su pareja es la dueña-rentista de un bloque de apartamentos en la playa del Arenal, en la bahía de Palma, y dos locales más en un bloque contiguo. Una millonada en propiedades .....

A diario, Doña María ve en la pantalla de su ordenador los saldos de sus cuentas, fondos de inversión y cartera de acciones en el Ibex-35. La sevillana que hizo fortuna en Palma es una mujer de mundo. Vivió muchos años en el extrarradio de Londres tras matrimoniar con un ejecutivo financiero que la dejó viuda y con fortuna. La pareja terminó fatal años antes de la súbita muerte del marido, y del hijo que tuvo en contra de su voluntad. Los días londinenses de Doña María se le borraron de la mente, no los saldos que acumuló en cuentas antes vacías, cuando era soltera.

El notario llamó, mientras, a una ayudante que hizo pasar a Doña María. El fedatario cerró la puerta con su mano mientras la testadora se sentaba. Un frío apretón de manos selló ese breve encuentro. Una lectura rápida del testamento que anticipó la voluntad de Doña María días antes por teléfono al oficial rubricó el documento. Doña María estampó su firma sonriente.

La sevillana legaba todo su patrimonio a quien le esperaba en el sofá donde se sentó antes de ver al Notario. El heredero universal no cruzó una palabra con nadie en la concurrida sala de espera de la notaría. Su pareja aseveró ante el fedatario que no tenía ascendientes ni descendientes vivos. Identificó a su heredero como ‘pareja sentimental’. La escritura de testamento jamás fue recogida; la pagó Doña María a los pocos minutos de suscribirla. No volvió a la Notaría nunca. Fue un fantasma real.

Residencia de ancianos. Enero 2020

Una de las muchas ancianas con habitación individual en un centro a las afueras de Palma no conoce a nadie ya. Su voluntad está ausente, su vida amontona días sin compañía, sin apetito, esperando el final. Doña María perdió hasta la sonrisa en una cama que era su vivienda, el hogar que nunca tuvo antes.... Y el lecho de la muerte. Poco después dejó de respirar.

El óbito sólo citó a la ‘pareja sentimental’ que llevaba años sin aparecer, siquiera a interesarse por la salud de la persona que le hizo millonario. Andrew, por llamarle de alguna forma, era una mala persona curtida en las peleas, borracheras escandalosas y el exceso hasta en su registro de voz bronca. Desde jovencito frecuentaba gimnasios, practicaba deportes violentos y bebía hasta el delirio. Trabajó como matón de pubs, fue ocasional escolta y fornido hombretón. Daba miedo, hasta con la mirada.

Doña María se enamoró de este supermán de pacotilla huyendo de un marido que la hizo rica. Andrew, además de ser ‘heredero universal’ ya vació el patrimonio de su ‘amada’ a su favor gracias a un poder de ruina que un notario palmesano le otorgó con el pretexto de cobrarle rentas de inquilinos morosos en juzgados. Una vertiginosa demencia e ingreso en un asilo para VIPs hizo millonario a Andrew años antes de la muerte de ella.

Al entierro de un cuerpo destrozado por fármacos y una letal patología cancerosa silente sobre una demencia, sólo fueron empleados de una funeraria. La tumba de pared no tiene lápida. ‘Doña María’ fue un juguete roto que se inventó después sobre un hombre al que quiso por despecho.

Notaría de Sevilla. Mayo 2020

Un tipo de formas educadas, trajeado y ansioso por recoger unos documentos, muestra certificados a un oficial. Había llamado varias veces días antes para fijar cita y llevar lo que requirieron. Documenta, al cabo, que es hijo de Doña María. Desmiente a su progenitora cuando testó, al confesar que carecía de ‘ascendientes ni descendientes vivos’.

En un perfecto español, pero con acento británico, aquel individuo acreditó ser hijo de Doña María. Unos detectives www.adaspain.com días después ultimaron un dossier patrimonial de ‘Doña María’. Casi todo aparecía hipotecado por deudas cuyo acreedor era la ‘pareja sentimental’ de su madre ¿Eran, esos impagos, artificiados?. La boda en Palma de Mallorca antes de testar ‘Doña María’ duplicaba sus mentiras. Además de falsear sobre su hijo engañaba sobre una pareja que en realidad ya era su esposo.

Al hijo de ‘Doña María’ cuando leía el nombre de su progenitora en documentos oficiales le chirriaba la vista. Miraba de reojo algunos pasajes porque no entendía qué pretendía tanta mentira, tanto odio, tanta venganza. Ni la biología explica que una madre rechace a alguien que concibió.

La dolce vita de Andrew

El marido, pareja sentimental y apoderado de su madre hacía que Phillip, llamémosle así al hijo de Doña María, era un agraciado con la lotería de la venganza más cruel. Su vida cambió cuando una despechada se enamoró de un tipo que sacó tajada a su devastado intelecto. Andrew, muchos meses antes de morir la mujer que le hizo rico, tenía nueva pareja. Era una irlandesa con la que vivía en Magalluf. Muchas noches llegaban ambos tan borrachos al piso que allí ‘compró’ el dinero de Doña María que un cuadro donde emergía orgullosa La Giralda se caía al tropezarse por el pasillo la ebriedad de esta pareja angloparlante.

La faceta de ‘viudo’ de Andrew la llevaba bien. Tenía suerte hasta con sus patologías cardíacas que jamás le dieron un susto. Phillip intentó hablar al mediodía de una resaca de Andrew para intentar un acuerdo con el legado de su madre, pero todo fue vano. El borracho millonario insultaba y rebuznaba cuando sentía en su oido el timbre de voz de Phillip.

Esa alma en pena, Phillip, se tornó desconfiado. Se siente inseguro. Tuvo mala suerte con una madre que jamás se ocupó de él. Y con un padre que se fue de la vida demasiado pronto. Phillip a pesar de todo tiene en el salón de su casa londinense un cuadro grande con una foto del icono sevillano, La Giralda. Pero no se tropieza, borracho, con el cuadro del alminar de la demolida Mezquita de Isbilya. Esta triste crónica tiene más matices. Pero es otra historia.


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