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Conversión

La opinion de...

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17 feb 2016 / 22:15 h - Actualizado: 17 feb 2016 / 22:47 h.
"Viernes Santo","Cuaresma"

Cuando la tarde del Viernes Santo se oculta en su crepúsculo luctuoso y los cielos de Triana lloran el espectáculo del León de Judá agonizante, queda aún pendiente de ofrecerse a la ciudad el más hermoso pregón de cuantos pudiera ofrecer nuestra Semana Santa. El pregón del diálogo, de la confidencia, de la confianza, de la amistad, de la entrega, de la fe... El que protagoniza un personaje que dicen secundario de la Pasión, pero que personaliza a todos y cada uno de nosotros, a la Iglesia militante, a la humanidad entera... Cuando aquellos catalanes ya sevillanizados fundaron la hermandad de Montserrat, allá por 1601, quisieron convertir a San Dimas en el pregonero mayor y portavoz de esa humanidad doliente y desamparada, que arrastrada por el pecado y la desolación del mal, se ve sin embargo llamada a convertirse en el último momento de su existencia, en el trance supremo de pasar a la otra vida. Nada tiene de extraño que la hermandad adoptara este misterio para procesionar el Viernes Santo: en la montaña catalana, en una pequeña ermita aún hoy existente y estratégicamente colocada sobre la abadía benedictina de Santa María, se hacía oración, ayuno y penitencia en torno a la figura de San Dimas, el Buen Ladrón.

Pero ese pregón de arrojo y valentía en que el malhechor arrepentido sabe valorar la situación, no sólo con ojos de justicia humana sino inhalando la Misericordia divina, alcanza la plenitud de su valor sólo en la mirada y los labios de ese prodigioso Crucificado de Juan de Mesa que desde el barco inmenso de su paso, nos ofrece su Perdón con un abrazo gigante, y nos sigue llamando a la Conversión.

Y por García de Vinuesa –ilustre alcalde que fue hermano de su cofradía–, Castelar, Zaragoza o el Molviedro, volverán a resonar en los corazones esas bellas estrofas a las que puso música Hilarión Eslava: «Tú Señor, que al morir enclavado, bajo el leño de la Redención, perdonaste al Ladrón sus pecados, de los nuestros, Señor, Compasión». ~


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