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Desempolvando el talento femenino

Pepa Violeta Pepavioleta /
07 oct 2019 / 08:56 h - Actualizado: 07 oct 2019 / 14:39 h.
  • La obra ‘Mi jersey’ de Anna Jonsson, en la inauguración de la exposición ‘Pegando la hebra’ en 13espacioarte. / El Correo
    La obra ‘Mi jersey’ de Anna Jonsson, en la inauguración de la exposición ‘Pegando la hebra’ en 13espacioarte. / El Correo

Esta semana, una de las más culturales del año, me ha sorprendido gratamente la programación artística de la ciudad, que cada vez apuesta más por visibilizar el talento femenino. Seguramente, sin una intencionalidad clara, quizás estamos rozando el punto de integrar la mirada femenina como parte de la creación artística, sin más. Quiero pensar que el movimiento feminista y el asociacionismo, están motivando cambios en la forma en la que los/as consumidores/as nos relacionamos con la obra artística.

Ya es hora de mostrar todo el legado que las mujeres han dejado en la historia y que hemos ido acumulando en el desván de nuestra memoria.

El Museo del Prado en un ejercicio honroso y comprometido, ha sacado parte del fondo que tenía acumulando polvo en el almacén, para dar a conocer las obras de muchísimas mujeres desconocidas por el gran público. Ya pueden ir buscando sitio donde guardar la lengua los perros guardianes del patriarcado, que se jactan de argumentar que si no hay mujeres en los museos, es porque no creaban nada.

Es curioso como las pinacotecas están llenas de desnudos femeninos eso sí, que para algo nuestros cuerpos siempre han sido tratados como objeto. Pero es significativo que la galería más importante de nuestro país, que custodia 8.000 pinturas catalogadas; solo se exhiben cuatro obras de tres pintoras, aunque el museo posee algunas más (de unas 30 artistas diferentes). El proyecto de sacar a la luz este material, nos devuelve en parte todo lo que el patriarcado nos ha robado durante siglos, la posibilidad de mirar y gozar el mundo a través de la mirada femenina.

Seria suicida no reconocer que ciertamente las mujeres hace siglos no podían acceder a la formación reglada y no podían estudiar en las Escuelas de Arte porque no estaban autorizadas a presenciar desnudos, ni a trabajar con hombres en los mismo espacios. Pero es evidente, que muchas no entendieron esto como un impedimento para seguir creando a escondidas bajo pseudónimos y desde la clandestinidad más absoluta.

Ya no hay excusas para que los libros de texto no incluyan a la infinidad de mujeres que fueron parte de nuestra historia y dieron valor a la creación desde sus propias limitaciones, que no fueron pocas. Se acabaron los destierros, el anonimato y la invisibilidad. La creación artística no deja de ser una forma más con la que expresarnos, relacionarnos con el mundo y compartir desde el respeto a la pluralidad y la recompensa de saber, que cada oportunidad que le damos a la cultura, soterramos un poco más nuestro pensamiento limitante.

Decía Boccaccio que “El arte es ajeno al espíritu de las mujeres pues esas cosas solo pueden realizarse con mucho talento, cualidad casi siempre rara en ellas”. Pobre señor, que vería tremenda competencia en el talento femenino para escribir tal afirmación y quedarse tan ancho.

Por suerte la realidad es otra, e invito a disfrutar de los clásicos entendiendo su contexto y alejarnos de posturas extremistas y censitarias, que desde un feminismo mal entendido, exigen la retirada de obras machistas de las galerías. No es ese el debate. Entiendo que nuestra energía puedes ser mas provechosa sacando del desván las obras de mujeres olvidadas o reeducando la mirada, que haciendo una lista negra de artistas misóginos. Que había muchos, lo tenemos claro. Pero estamos en un despertar que podemos aprovecharlo para seguir trabajando desde dentro, por un cambio de paradigma en el mundo de la creación artística. Eso sí, vigilantes, para que el patriarcado no nos entretenga con banalidades.

Nuestra obligación no solo pasa por crear, exponer y organizarnos, sino por liderar la gestión cultural. Tenemos que estar en los órganos de decisión para que los cambios se consoliden y sea perdurables.

En estos dos últimos meses, por ejemplo, nueve mujeres iberoamericanas se han incorporado a puestos de dirección en museos y organismos de primer nivel en Estados Unidos, México, España y Argentina. Son mujeres, nacionales, gestoras y comisarias, y cuentan con una amplia trayectoria en la dirección y gestión de espacios culturales.

La argentina Aimé Iglesias Lukin y la cubana Amada Cruz han sido elegidas directoras de la Americas Society y del Seattle Art Museum, respectivamente.

En España, Elena Hernando, se incorpora a la dirección de Patrimonio de la Comunidad de Madrid; Àlex Sussanna, estará al frente de la Fundación Vila Casas, e Inma Prieto, se ha convertido en la nueva directora de Es Baluard. Todas tienen además, una larga carrera como comisarias, investigadoras y articulistas.

Y más mujeres que ponen su talento al servicio de la cultura. En Sevilla, Tonia Trujillo, desde la dirección del Centro 13 ESPACIOarte, ha comisariato la muestra colectiva “Pegando la hebra”. Una oportunidad única para disfrutar de una colección que nos invita a quitarnos el reloj y abrir los sentidos para interactuar dentro del universo simbólico que han conseguido recrear las artistas. Donde el tejido adquiere protagonismo, al igual que el legado ancestral de nuestras abuelas que se sentaban a coser en la puerta de sus casas. Donde conversaban sobre la vida y nos enseñaron a tejer nuestras propias vivencias. Cada una de las artistas presenta una versión particular de esta conversación. Desde los objetos y prendas tejidas expresamente por Anna Jonsson, Charo Corrales y Maribel Domenech, las intervenciones sobre prendas usadas de Aline Part o el vestido destejido de María Gimeno. Las piezas fabricadas y cosidas colectivamente como la de María Bueno y Cristina Artés, junto a mujeres vecinas de Huete. También las fotografías de objetos cotidianos envueltos en lanas de Kae Newcomb o las esculturas con materiales textiles de Anamusma, Yolanda Relinque e Isabel Cuadrado. La instalación con tejidos de diseño propio de Kima Guitart o la de María Muñoz con piezas cerámicas e hilos a modo de pentagrama musical y los vestidos de la instalación de Elisa Torreira o las articulaciones del deseo de Sara Coleman. Finalmente, el bodegón barroco tridimensional de Paula Noya, o los dípticos bordados de Sandra Sarasola y Concha Romeu, también son parte del espectáculo visual, de una muestra viva que irá respirando despacio y al compás de una energía invisible. La energía que alimenta lo indómito del espíritu femenino, que recrea espacios donde las mujeres somos esencia y presencia.


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