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La Gazapera

Sevilla y su Escuela de Flamenco

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
19 sep 2020 / 10:01 h - Actualizado: 19 sep 2020 / 10:03 h.
"La Gazapera"
  • Sevilla y su Escuela de Flamenco

Sevilla no ha tenido nunca su Escuela Municipal de Flamenco, al menos que se sepa. Pues debería planteárselo porque se está quedando como un solar. A mediados del siglo XIX, cuando aún no llamábamos flamenco a este arte, la capital de Andalucía era famosa en todo el mundo por sus academias y salones de bailes, en manos de Félix Moreno, Miguel de la Barrera y Manuel de la Barrera, entre otros.

Más tarde se unió la célebre Campanera, que se asoció a su maestro Manuel de la Barrera y ambos abrieron academia en la céntrica calle Plata, en la Campana, la misma calle donde el guitarrista sanluqueño Paco el Barbero puso un tabanco. Esas academias formaron a varias generaciones de bailaores y bailaoras de la escuela bolera sevillana, como Ángel Pericet o el famoso Maestro Otero, al que Sevilla debería darle un sitio importante porque hizo una labor inconmensurable desde su academia de la calle San Vicente.

Es verdad que actualmente hay academias y buenas, pero lo que de verdad debería haber en Sevilla es una escuela municipal de flamenco en la que se enseñara el baile, el cante, la guitarra y el conocimiento sobre este arte. Seguro que van a salir los de siempre diciendo que el flamenco se lleva en la sangre. Claro, pero no la formación que se necesita para hacer buen flamenco. Una escuela municipal no es incompatible con que salgan artistas en los barrios, de manera natural, como nace una flor entre los adoquines sin que sepamos de verdad por qué sucede ese milagro.

Sevilla tiene maestras y maestros suficientes como para montar tres escuelas municipales de flamenco, pero bastaría con una. Un escuela a la que puedan ir chiquillos de todos los barrios de la ciudad, los flamencos y los no flamencos, para aprender no solo a cantar, bailar o tocar la guitarra, sino a saber sobre la Sevilla flamenca y sus muchos y olvidados intérpretes.

Una escuela que fuera también un gran centro de documentación del flamenco, especialmente del de Sevilla, que no existe. Si esto se hiciera, en unos pocos años Sevilla recuperaría su sitio en este arte, que lo perdió hace tiempo. Le quitas la Bienal y no tiene nada más que un puñado de peñas y otro de tablaos, que con esto de la pandemia veremos a ver si no acaban cerrando.

En esa escuela tendría que estar toda la historia flamenca de Sevilla. Entrar por la puerta y ver las paredes cubiertas de carteles, fotografías y documentos de todos los grandes artistas que han nacido. Que fuera un museo, además de una escuela. Y un tablao con espectáculos cada noche con los propios alumnos del centro. La recreación de un café cantante del XIX, el de Silverio o el del Burrero. Habría que hacerlo en honor de Silverio, el Maestro Pérez, Lamparilla, Miracielos, la Campanera, el Maestro Otero, el Niño Ricardo, Centeno, Faíco, la Niña de los Peines, su hermano Tomás, Vallejo, Pastora Imperio y Caracol.

Sevilla en sí es una escuela de flamenco, de las mejores. Hace dos siglos ya venían desde países de todo el mundo a disfrutar de nuestro arte, y lo siguen haciendo aún. Pero si no hacemos algo, si no recuperamos la memoria perdida y formamos a los jóvenes, esto tiene los días contados.


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