La Gazapera

Últimos mohicanos de la reunión jonda

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
29 abr 2022 / 10:06 h - Actualizado: 29 abr 2022 / 10:06 h.
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Las Cabezas de San Juan es una localidad sevillana de tradición flamenca, cuna de dos grandes cantaores como fueron Fernando el Herrero y el Niño de las Cabezas, aunque ha habido otros y los hay todavía, como Juan el Chiva y su hermano Antonio Caraestaca -bisnietos de Juaniquí-, Manolito Cordero o José Vargas. También destacó la inolvidable cantaora Rosa Quiñones, y es igualmente de Las Cabezas la estupenda bailaora Pepa Montes, de las mejores de este tiempo. Anoche estuve en este pueblo, como el pasado año, para vivir de nuevo una reunión privada organizada por un grupo de amigos y entusiastas del flamenco a los que les gusta disfrutar de este arte en la intimidad de la fiesta. Son los últimos mohicanos de la reunión jonda, los que cogieron el testigo de los inolvidables aficionados Pedro de Miguel y el pintor Juan Brito, sin quienes no se pondría entender el flamenco en este bello pueblo entre Sevilla, Jerez y Cáadiz. Parte de la obra que dejaron es La Yerbabuena, uno de los festivales de verano más antiguos y flamencos de Andalucía, que ha rendido homenaje a personajes ilustres, desde José María Pemán hasta Jesús Quintero o Fosforito, galardonados con la Yerbabuena de Plata.

La Cata de Vino y Reunión de Cante Jondo, celebró anoche su cuarta edición que tuvo lugar en El Contrabajo, un bar con una gastronomía espectacular y una decoración bastante original. Vino desde Jerez el experto en caldos jerezanos y flamenco José María Castaño Hervás, quien ofreció una brillante charla sobre el vino de Jerez y el arte jondo, buscando un paralelismo entre palos del cante como la bulería, la seguiriya o la soleá, y determinados vinos como el fino, el amontillado o el palo cortao. Un estudio más que interesante y recomendable, que encontró su mejor respuesta en el cantaor de Utrera Tomás de Perrate, uno de los hijos de Perrate de Utrera, y el guitarrista moronero Paco de Amparo, nieto de Joselero y sobrino-nieto del mítico Diego del Gastor. Un binomio perfecto que me recordó en todo momento al que formaron Diego y Perrate en los años sesenta, en aquellas fiestas interminables de la finca El Espartero, del norteamericano Phoren. Tomás y Paco, ofrecieron un recital para cabales, de enorme pureza, sin pamplinas, como antaño. Y tuvieron esos momentos mágicos que solo se dan en este tipo de reuniones, donde el artista no suele tener presión alguna y escucha olés a tiempo.

Ojalá no se pierdan del todo estas reuniones flamencas, ni artistas como Tomás de Perrate y Paco de Amparo. Ni aficionados como estos románticos del arte natural y sencillo, de pellizco, de las Cabezas, que no acaban de acostumbrarse a la ojana que a veces se da en los teatros.


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