Observatorio taurino

De Talavante al Capea, pasando por José Tomás

La apuesta fallida del diestro extremeño, que ha cumplido cuatro tardes opacas en Madrid, le impide colocarse más allá del bien y del mal tal y como navega su ídolo de Galapagar

06 jun 2022 / 12:46 h - Actualizado: 06 jun 2022 / 13:34 h.
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  • Talavante, toreando desnudo, retratado por Mikel Urmeneta.
    Talavante, toreando desnudo, retratado por Mikel Urmeneta.

Alejandro Talavante es el gran perdedor de la larga isidrada, en la que figuraba como diestro base después de firmar cuatro contratos que no han resuelto sus aspiraciones. Había asumido el reto –la historia se repite- de colocar todas las bolas en el mismo casillero para convertir su definitiva vuelta a la palestra, más allá del bolo goyesco de la plaza de Arlés, en el disparadero de esa cotización que envenena sus sueños. El diestro extremeño jugaba a convertirse en una excepción mirándose en un espejo, el de José Tomás, que sólo devuelve el rostro del críptico diestro de Galapagar. Sus estrategias desvelan a la grey torera pero ese reino sólo es de su propio mundo. Talavante es una figura de primer nivel, quién lo duda. Pero una figura más...

Llegó a cortar una oreja sin demasiado clamor en el primer compromiso, anduvo entre grisuras en los otros dos y acabó siendo pitado en la fallida traca final, con los toros de Adolfo Martín. Estaba retirado desde octubre de 2018 pero llegó a anunciar su reaparición en Arlés, el Sábado Santo de 2020 en víspera de aparecer como gran estrella de aquel cartel de Resurrección en Sevilla del que se había desplazado Pablo Aguado por el jaleo de los toros de Garcigrande. No se celebró ni uno ni el otro.

El estallido de la pandemia se cargó la temporada y volvió a confinar al torero en su finca oliventina hasta que se supo, finalmente, que sí estaría en Arlés el pasado 11 de septiembre después de obviar ferias y plazas con aforos reducidos –y la pasta recortada- obligados por el covid. El caché, siempre el caché... que se ha debido acercar a lo pactado en Madrid, con el compromiso de retrasar su vuelta hasta la feria de San Isidro.

Alta estima

El diestro extremeño siempre ha hecho gala de la alta consideración que tiene de sí mismo. Pero esa encomiable autoestima acabaría forzando la ruptura con Toño Matilla en 2018: el opaco taurino charro no estaba dispuesto a defender los inasumibles honorarios a los que aspiraba el torero, enredado en un bucle melancólico que, finalmente, le llevó a tomar la drástica decisión de retirarse temporalmente del toreo en octubre de aquel año en Zaragoza, la misma tarde que Padilla se despedía de los ruedos españoles.

Antes de eclipsarse había vagado en la orilla de las ferias, lejos de ciertos carteles a pesar de la salida a hombros de la feria de San Isidro de 2018, que habría pretendido usar como aval de sus pretensiones económicas. A partir de ahí llegó la soledad y, pocos meses después otra apuesta fallida y otoñal, también en Madrid y apuntado al famoso bombo de Simón Casas. El ‘productor’ francés y la suerte le colocaron ante las corridas de Victoriano del Río y Adolfo Martín sin que acompañara el triunfo que pretendía convertir en palanca definitiva para elevar su cotización, veneno de sus sueños. Cuatro años después se encuentra en el mismo escenario.

De Talavante al Capea, pasando por José Tomás
El Niño de la Capea, a la derecha, con El Viti y Julio Robles, trinidad del toreo charro. Foto: Carlos Arévalo-Toros’92

Capea vuelve a la cancha

Habíamos hablado de José Tomás, que ya vela armas para su enésima (re)aparición. El madrileño, que se hará presente en carne mortal en la plaza de Jaén, ha escogido en esta ocasión una fórmula que revela una nueva fase en su política de actuaciones. Los abonos cortos en ferias de segunda –se vendían en su integridad a su reclamo- han dado paso a una cita única sin compañeros de circunstancias ni caballito de apertura. Serán cuatro toros para él solo convirtiendo la corrida en una mera exhibición de sí mismo que, eso está claro, agotó la taquilla en un pis pas. Hay otra certeza: Tomás no suele fallar. La cita es el próximo domingo; luego vendrá otra en Alicante. No sabemos si habrá más.

Una semana después –el día 19 de junio-, se verificará otra reaparición puntual de gran valor sentimental que, de una forma u otra, reivindica toda una época de la historia del toreo. Se trata de la vuelta por un día de Pedro Gutiérrez Moya, el Niño de la Capea, que se enfundará de nuevo el traje de luces para celebrar el 50 aniversario de su alternativa a tres meses de cumplir 70 tacos. El escenario escogido es la coqueta plaza de Guijuelo y los compañeros de terna, su hijo Pedro y su yerno Miguel Ángel Perera.

La cita, de una u otra forma, tiene algo de revival de aquella generación a la que tocó bregar con el llamado toro del guarismo, en una época convulsa, la de la transición política de la dictadura a la democracia, a la que no fue ajena el toreo. Se hablaba de abusos, integridad... Algunos supieron sacar pingües beneficios de aquellas aguas revueltas enarbolando la bandera –siempre dudosa- del purismo mientras la nueva hornada de matadores –Capea, Manzanares, Robles- remontaba aquel clima enrarecido.

El toreo, como España entera, iba a entrar en un extraño y largo compás de espera –su propia transición- del que sólo terminaría de salir en 1984 con la trágica muerte de Paquirri en Pozoblanco que, con su irremediable certeza, recordó a ciertos sectores que en el toro se muere de verdad. Ha pasado medio siglo del inicio de aquel tiempo, de la propia alternativa de Pedro Gutiérrez. Pero el de Capea –ganadero realizado, figura reconocida y hombre familiar y feliz- podría ser un caso único en la historia. Se le desea suerte.


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