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Toros

Incógnitas en torno al nuevo Gobierno: ¿Los toros están en el punto de mira?

La coalición del sanchismo y el comunismo populista –con el apoyo pasivo del independentismo catalán y vasco- no es una buena noticia para el mundo de la Tauromaquia

10 ene 2020 / 10:15 h - Actualizado: 10 ene 2020 / 10:30 h.
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  • Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se abrazan en el Congreso de los Diputados. / EFE
    Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se abrazan en el Congreso de los Diputados. / EFE

No era la primera vez que saltaba la alarma pero sí era novedad que se subrayara, negro sobre blanco, la cuestión del demagógico bienestar animal en un acuerdo de gobernabilidad. El asunto es sabido: después del fiasco de las elecciones bis del pasado 10 de noviembre, Sánchez se apresuró a tragarse cualquier sapo rubricando un preacuerdo de gobernabilidad con Pablo Iglesias, líder de Podemos, que se selló con el famoso abrazo que cancelaba el viaje a ninguna parte que siguió a los comicios de abril. En ese momento, por lo visto, el presidente más precario de la historia de la democracia española sí podía dormir tranquilo.

Pero el abrazo del oso escamó al planeta de los toros y al amplio universo del mundo rural, con la caza al frente. No faltaban razones. En el tercer punto de ese documento, bajo el epígrafe de la “Lucha contra el cambio climático”, socialistas y podemitas se conjuraban para alcanzar “la transición ecológica justa, la protección de nuestra biodiversidad y la garantía de un trato digno a los animales”. La redacción era breve, también vaga y daba lugar a demasiadas interpretaciones ateniéndonos a la manifiesta hostilidad de los morados con el mundo del toro que no encuentra ningún freno en la cobarde ambigüedad de los del puño y la rosa según, dónde y cómo... Es verdad que no se habla explícitamente de las corridas de toros pero el personal, a pesar de las recentísimas llamadas a la calma desde el seno de ambas formaciones, sigue tentándose la ropa.

De las pancartas al banco azul

Pedro Sánchez no ha oficializado aún el listado completo de su nuevo macrogobierno bipartito. Parece ser que lo hará este mismo domingo después de dos o tres carambolas marca de la casa que han enfriado parte del entusiasmo indisimulado de los podemitas. Ese regocijo –ungido por las lágrimas de cocodrilo de sus líderes- sí ha permitido conocer desde primera hora en qué chiringuitos medrarán sus muchachos, que nunca se verán en otra. Ya sabemos que Pablo Iglesias detendrá una vicepresidencia de las cuatro que va a tener el hipertrofiado banco azul. Dentro de sus competencias incluiría una hipotética dirección general de Bienestar Animal que, con o sin un intento serio de abolir las corridas de toros, podría suponer una dolorosa piedra en el zapato para el negocio y el universo de la Tauromaquia. No lo duden: vienen curvas...

Pero la del líder morado no será la única vicepresidencia de marcado carácter antitaurino dentro del gobierno del señor Sánchez. Teresa Rivera, que todavía ejerce las funciones de ministra de una historia llamada Transición Ecológica, ya se descolgó con unas declaraciones en las que, a título personal y si de ella dependiera afirmaba que no le temblaría el pulso para prohibir los toros y la caza. Pues bien: doña Teresa se vería elevada a otra vicepresidencia, la cuarta del tinglado, con competencias en la traída y llevada transición ecológica y en no sé qué “retos demográficos”. Ya saben: la alusión es directa a esa llamada ‘España vaciada’. No está de más recordar que ese mundo interior se convertiría en un erial sin el concurso de mundos complementarios y seculares como la caza, la ganadería de bravo y los hombres que le prestan el pulso. El ecologismo de despacho es otra cosa. El asunto, una vez más, es para tentarse la ropa.

Llegados a este punto hay que recordar que las milicias podemitas han adoptado las tesis animalistas para sumar amiguetes a su causa, pescando en el charco del famoso pero raquítico Pacma, que aún no ha logrado colarse en el hemiciclo de San Jerónimo. También hay que advertir que entre los palmeros del famoso magreo otoñal de Iglesias y Sánchez se encontraba un tal Juantxo López de Uralde, que también se había mostrado abiertamente abolicionista –no sólo de los toros, también de la caza- dentro de la panda morada.

Pero no se vayan todavía que aún hay más: el papel de los socialistas tampoco es demasiado tranquilizador. En su partido no hay una posición clara en torno al tema taurino. Ahí están las torpes las torpes declaraciones del señor Ávalos –siendo hijo de torero habló de la “España casposa” en la que “todos tienen que ser toreros o cazadores”- que acabó matizando y rectificando ante lo que se le vino encima. Mucho más grave es el caso de Cataluña: el mismo partido que subvencionaba las escuelas taurinas andaluzas fue el verdadero verdugo de la fiesta en aquellas tierras. En realidad se estaba preparando el definitivo apocalipsis del que tanto les costará salir y el PSC, no se olvide, también fue cómplice.

El mejor dique de contención al abolicionismo dentro del poliédrico gobierno que se presentará el domingo lo podría levantar la inminente vicepresidenta primera y muy taurina Carmen Calvo, pies y manos del presidente más discutido de la ya no tan joven democracia española, que se encuentra en un complejo atolladero más allá del problema puntual del mundillo taurino. ¿Serán capaces de destapar esa caja de truenos? El tiempo lo dirá.

Los toros como patrimonio cultural y la preocupación del sector

Es importante recordar algunos datos: La Tauromaquia forma parte de nuestro Patrimonio Cultural Inmaterial. El definitivo blindaje se produjo en junio de 2015 permitiendo revocar la prohibición de celebrar corridas de toros en la comunidad autónoma de Cataluña que se había aprobado cinco años antes en la polémica sesión del ‘parlament’. El Tribunal Constitucional anuló esta ley seis años después al considerar que la norma invadía las competencias del Estado en materia de Cultura, de la misma forma que echó por tierra los llamados ‘toros a la balear’, un conjunto de normas que pretendían extinguir –sin abolir- la Tauromaquia en el archipiélago a través de una normativa axfisiante que en la práctica impedía el desarrollo de la actividad.

Victorino Martín, que se está fajando de verdad al frente de la Fundación del Toro de Lidia, admitía en una reciente carta dirigida a los aficionados con motivo del fin de año que “la tauromaquia es una cultura compleja, alejada de ciertas tendencias sociales actuales”. A juicio del prestigioso ganadero, la mejor y mayor defensa del sector pasa por “tener una trabajada estructura argumental que permita trasladar de la manera más didáctica posible lo que somos” además de “dar respuesta en los mismos medios que intentan imponer una visión sesgada o irreal de la Tauromaquia”.

Pero Victorino iba más allá al advertir de un peligro cierto: “La industria animalista dispone de unos astronómicos presupuestos anuales destinados a imponer una nueva moral en la que no podamos utilizar los animales para nada, ni para ropa, ni para ocio, ni para experimentación médica, ni para alimentación”. Ése es el verdadero quid de la cuestión. El prestigioso ganadero, dueño de uno de los tesoros genéticos más valiosos del campo bravo afirma que “el mundo es mejor con toros”. Nosotros también.


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