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Toros

Morante de la Puebla: 25 años de matador de toros

El diestro cigarrero tomó la alternativa el 29 de julio de 1997 en la plaza de Burgos de manos de César Rincón, que le cedió un ejemplar de Juan Pedro Domecq en presencia de Cepeda

28 jun 2022 / 19:48 h - Actualizado: 28 jun 2022 / 19:53 h.
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  • El matador cigarrero con las pobladas patillas que estrenó en 2018. Foto: González-Arjona
    El matador cigarrero con las pobladas patillas que estrenó en 2018. Foto: González-Arjona

Burgos, 29 de junio de 1997. Festividad de San Pedro y San Pablo. En el primitivo coso del Plantío se anunciaba la alternativa de un novillero sevillano de gran ambiente llamado José Antonio Morante Camacho, Morante de la Puebla en los carteles. No, no eran los planes originales del inminente matador ni su entonces mentor, el recordado taurino malagueño Miguel Flores, que había sucedido a Leonardo Muñoz, el Nazareno, en la dirección de la carrera de un auténtico diamante en bruto que tenía revolucionado el cotarro desde sus primeros escarceos. La intención primera había sido convertirse en matador en la plaza de la Maestranza. No pudo ser...

Su nombre se había colgado por primera vez de un cartel el 3 de septiembre de 1988 para lidiar un becerro en la placita que se había improvisado en Villamanrique de la Condesa, tan cerca de La Puebla. Sólo tenía 9 años... Tres años después, en Montellano, se vestiría con un viejo terno celeste y oro que, ahora sí, daba el definitivo pistoletazo de salida a su carrera. El Nazareno, padre de Emilio Muñoz, no tardaría en fijarse en él. Tampoco faltaron peripecias de todos los colores, portátiles montadas aquí y allí, festejos en todos lados antes de organizar su debut con picadores –el oficial- en la placita de Guillena, el 16 de abril de 1994.

Morante de la Puebla: 25 años de matador de toros
Morante dio sus primeros pasos en la profesión siendo aún un niño.

Antes ya había actuado en el mismo escenario en un festejo que se anunció sin picar y se acabó dando con caballos, con indulto forzado incluido en una función –Leonardo arengando a las tropas y vociferando por los tendidos- que acabó con anécdota estrafalaria ante la falta de bueyes: un fornido carnicero con katiuskas blancas tuvo que devolver al animal a los chiqueros, de culo y asiéndole por los pitones. El lance da idea del ambiente que rodeaba aquellos festejos del tercer circuito, forja de un chico cetrino de La Puebla del Río del que no tardarían en hablar todos...

Sea como fuere, Morante acabaría encandilando a los aficionados con su aura de torero artista. Era diferente, luminoso, virtuoso... Pero fue Flores, ya fallecido como Leonardo Muñoz, el primer prócer del toro que creyó en él más allá de las polvaredas en las que se había visto incluido de la mano del controvertido taurino de Dos Hermanas. Ya se ha mencionado: Miguel Flores no logró alcanzar un acuerdo con la empresa Pagés para que el novillero de La Puebla del Río cambiase de escalafón en el ruedo de la Maestranza. En realidad, las desavenencias con los Pagés –aún en vida de don Diodoro Canorea- no habían hecho más que empezar... A pesar de todo, Morante había podido torear ese año como novillero en Sevilla. Ya había debutado en el coso del Baratillo, puntuando, en la temporada anterior. En 1997 iba a sumar dos novilladas más: de Torrestrella y Torrealta, cortando oreja en la primera. El siguiente paso sólo era la alternativa, cambiando las orillas del Guadalquivir por el Arlanzón. Su padrino fue César Rincón y el testigo, Fernando Cepeda. Los toros pertenecían a la divisa de Juan Pedro Domecq. Fue un día lluvioso, cortó dos orejas, se marchó a hombros del ruedo burgalés...

Su presentación como matador en Sevilla llegó en la primavera del año siguiente. No pudo salir mejor. Hizo el paseíllo descubierto en medio de Pepe Luis Vázquez y Javier Conde y cortó dos orejas al sexto ejemplar de Gavira. El diestro lograría un tercer trofeo de un ‘cuvillo’ el día que testificó la alternativa de Mariscal sustituyendo a Jesulín. Hubo una cuarta oreja, a un sexto de Torrestrella, que marcó la diferencia y le convirtió en triunfador indiscutible del ciclo...

Morante de la Puebla: 25 años de matador de toros
El diestro de La Puebla abrió su única Puerta del Príncipe en la Feria de Abril de 1999. Foto: EFE

En 1999 llegó su única Puerta del Príncipe, vestido de grana y oro, después de cortar tres orejas a un encierro de Guadalest. En su segundo compromiso –con Mora y Tomás- se marchó de vacío pero dejó preparado el terreno para el siguiente año. Todo se había pintado para su consagración definitiva pero la suerte fue esquiva... La Feria de Abril de 2000 la había organizado Diodoro Canorea pero ya no pudo verla. Morante, que había firmado una millonaria exclusiva con el recordado empresario manchego, estaba anunciado tres tardes. No hubo trofeos en Resurrección pero el 29 de abril, haciendo terna con el viejo Manzanares y Rivera Ordóñez, le cortó dos orejas macizas a su primer ejemplar de Victoriano del Río. Salió a por todas con el sexto, que le partió por la mitad cuando trataba de iniciar la faena con el añejo cartucho de ‘pescao’, cerca de las tablas del 4. Morante quedó roto. La Feria, también. ¿Qué había pasado con la exclusiva? El propio matador la había puesto en cuestión con unas declaraciones que no cayeron demasiado bien en las oficinas de Adriano. Llegaban nubarrones...

Aquel mismo año, el de 2000, se produciría la espantada general de la feria de San Miguel que, indirectamente, precipitó la retirada de Curro Romero y tensó aún más las relaciones con la empresa Pagés, ya en manos de Eduardo Canorea y Ramón Valencia. Desde ese momento, la carrera del diestro cigarrero se empieza a escribir en dientes de sierra: las égidas de 2004 y 2007; los preocupantes problemas psiquiátricos que le obligaron a viajar a Miami para ser tratado; el imposible apoderamiento de Rafael de Paula y las fallidas parejas profesionales; las ausencias de la plaza de la Maestranza –incluyendo el boicot de 2014 y 2015- y las vueltas jubilosas... pero, sobre todo, la creación del personaje que, de alguna forma, ha llegado a ocultar la verdadera y más profunda alma de artista de un torero irregular, inimitable, enciclopédico, profunda y verdaderamente natural que ha encontrado su definitiva plenitud en las orillas de sus Bodas de Plata como matador de toros.

Morante de la Puebla: 25 años de matador de toros
Morante después de cuajar la mejor faena de la Feria de San Miguel de 2021. Foto: Arjona-Pagés

Podemos acotar esa madurez artística desde su última retirada, en la yema de agosto de 2017 a raíz de aquella tarde aciaga en El Puerto, mano a mano con El Juli. En realidad sólo fue una parada estratégica para romper las amarras con el grupo de Bailleres. Al año siguiente, de la mano de Manolo Lozano, volvía a la cancha en Jerez, cuajando faenas para el recuerdo en plazas como Córdoba, Granada, León, Huelva o Almería sin abdicar de su tradicional irregularidad. En 2019, la última temporada pre covid, anduvo con las musas a media jornada después de escoger a Toño Matilla en una nueva vuelta de tuerca de su propia carrera.

2020, primer año de la pandemia, llegaría a actuar en la única corrida organizada en una plaza de primera categoría, la de Córdoba, en un inédito mano a mano con Juan Ortega. La había organizado José María Garzón que recibiría unos meses después, en el mismo escenario, un brindis de Morante que también mostraba la puerta de salida a Matilla. 2021 fue, finalmente, el definitivo año de los prodigios, la Oreja de Oro, el Premio Nacional de Tauromaquia, el faenón de Sevilla... en una ecuación de ambición, capacidad y responsabilidad que sumó a su personalidad artística para rubricar una temporada histórica. La campaña de 2022, la de sus Bodas de Plata, camina a todo trapo con el íntimo compromiso personal de rebasar las cien corridas de toros en plazas de todas las categorías. En medio, como una punzada íntima, ha quedado la muerte de su padre al que definió como “el primer morantista”. En la Maestranza marcó una cumbre. Seguro que quedan algunas más.


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