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Cultura

Gonzalo Suárez: «Escribir es un acto sexual»

El escritor y cineasta presenta su última novela, ‘Con el cielo a cuestas’ (Mondadori).

el 07 mar 2015 / 12:00 h.

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Gonzalo Suárez, ayer en la Biblioteca Infanta Elena de Sevilla. / Inma Flores Gonzalo Suárez, ayer en la Biblioteca Infanta Elena de Sevilla. / Inma Flores La última novela de Gonzalo Suárez, Con el cielo a cuestas (Mondadori), tuvo su primera versión en 1960, pero ha debido forrarse de paciencia hasta ver la luz. «Por fortuna, la censura me la rechazó», recuerda el escritor y cineasta. «La recuperé cincuenta años después, la encontré naturalista e ingenuamente autobiográfica, y pretenciosamente gorda. La que sale ahora no tiene nada que ver, salvo el paisaje, que me sirve de contexto». Al autor no le gusta hablar de libros que, asegura «he escrito, pero no leído», y de los que teme tener menos perspectiva que cualquiera, de modo que se limita a dar pistas sueltas. La novela arranca con la aparición de una mujer desnuda con sexo de hombre, un protagonista llamado Lorenzo Massani, varias mujeres –una buena, las demás pérfidas– y el irresistible telón de fondo del París de los años 50. A Suárez le gusta hacer en sus obras «acción-ficción», ya que, afirma, «no estoy muy seguro de lo que es la realidad, aunque parece que hay un consenso al respecto. Pero no me gusta que mis libros tengan los límites que la llamada realidad nos impone. Lo que algunos llaman sueños, yo lo llamo imaginación», agrega. Por otro lado, advierte de que «el hilo de Ariadna que nos conduce en Con el cielo a cuestas es una búsqueda de objetos perdidos: una cazadora robada en la playa, un cuadro que no encuentro, una pistola...», dice, al tiempo que no oculta su gusto por mezclar «cosas literarias y cinematográficas, una historia de amor con comedia americana o tragedia. Incluso me atrevo a hablar de la experiencia de la muerte, conste que no es todavía autobiográfico». Inevitablemente, también asoma el sexo: «Tengo verdadera atracción hacia el sexo, no como origen de la vida, sino como ejercicio que te hace olvidar todas las vicisitudes. Me sorprende que haya gente de poder que destruya su vida por un polvo. El hecho de escribir es un acto sexual, como el cine, la plástica... En eso soy freudiano. De Freud lo que no me gusta son sus dogmas», agrega. «Es como aquel chiste en el que dos chicas se preguntan qué es mejor, si joder o masturbarse, y una dice que joder, porque se conoce gente. En el cine se conoce gente, mientras que la literatura se parece más al boxeador con su sombra, al acto masturbatorio. Por eso echo de menos el cine, que tiene la misma posibilidad de acción que el deporte». En cuanto a París, Suárez recuerda que el que se refleja en la novela era «un objeto nada oscuro de deseo en la posguerra, y que mi padre, que era catedrático de francés, me contaba con tanto detalle que cuando llegué parecía que lo conocía de toda la vida. Sin embargo, el que encontré no era el París de mis sueños, coincidía con la guerra de Argelia y había bombas, terrorismo... Y el ejercicio de la tortura, sorprendente en una Francia que era el exponente de la cultura y de la libertad». «Hasta la espantosa Junta Militar argentina pasó por Francia para aleccionarse en métodos de tortura», prosigue el autor. «Y allí estaba Camus, al que reprocharon ambigüedad, falta de valor para delatar, cuando recibió el Nobel, las cosas flagrantes que se hacían». ~

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