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«Hay que apostar por la juventud, y no por esta España regresiva»

El poeta y profesor Juan Lamillar recupera elMachado crítico con la España más retrógrada y tradicionalista en un extenso y poderosísimo poema.

el 14 feb 2014 / 21:22 h.

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EL CORREOJuan Lamillar ha querido escoger uno de los poemas más conocidos de Antonio Machado, El mañana efímero, por la asombrosa actualidad que desprenden todos sus versos, especialmente los tres primeros, a pesar de haber sido escritos hace 101 años: «La España de hoy sigue siendo, en cierto modo y cada vez más, la de charanga y pandereta,/ cerrado y sacristía... Si cambias la devoción de Frascuelo y de María [los toros y las romerías] por la de Cristiano Ronaldo y Messi, estamos en las mismas», asegura. Para este poeta y profesor sevillano, el fondo de los versos que componen El mañana efímero responde «a esa idea tan institucionalista de Machado de renovar España y abrir sus horizontes, que él identifica con la España del cincel y la maza, la de la juventud. Yo también creo que hay que apostar por ella, y no por esta España regresiva que tenemos hoy», dice Juan Lamillar. Perteneciente a su libro Campos de Castilla, el más noventayochista de su producción, este poema expone la visión de España de su autor, donde confluyen su conocido sentido crítico y sus irrenunciables esperanzas de futuro. Juan Lamillar reconoce no obstante que «cada vez me gustan más el primer Machado y el último, es decir, el de las Soledades y el de su etapa última, el de los poemas filosóficos y el de Juan de Mairena. Pero la visión histórica que brinda en Campos de Castilla es imprescindible», afirma. El mañana efímero está estrechamente vinculado con otro poema, el titulado Del pasado efímero, donde Machado retrata al español provinciano e irreflexivo, de cabeza hueca y costumbres bovinas, congelado también en un bostezo: «Bosteza de política banales/ dicterios al gobierno reaccionario,/ y augura que vendrán los liberales,/ cual torna la cigüeña al campanario...». El resultado es un hombre que “no es de ayer ni es de mañana,/ sino de nunca”. Y de nuevo el bostezo, símbolo de pereza mental, de tedio vital e inmovilismo, aparece en otros famosos versos de Proverbios y cantares, aquellos que dicen: «Ya hay un español que quiere/ vivir y a vivir empieza/ entre una España que muere/ y la otra que bosteza» No se le escapa al agudo lector que es Juan Lamillar que en esa mirada machadiana sobre su tiempo hay una abierta crítica a la Iglesia Católica, reiterada en esa España que ora y bosteza y esa otra que, un poco más adelante, ora y embiste. En ambos casos, las califica de España inferior. «Don Antonio veía en lo eclesiástico una parcela regresiva, una fuerza retrógrada llena de varones amantes de las sagradas tradiciones y de barbas apostólicas... Es una Iglesia nada social, amparada en las tradiciones y volcada en conservar a toda costa sus privilegios», subraya el sevillano. Contra ese inmovilismo secular, casi medieval, Antonio Machado apuesta «por esa España nueva y pujante que es la que trabaja, la que construye, no la que se deja dormir por los viejos ritos», explica el autor de El fin de la magia, quien no obstante es consciente del respeto que sentía el maestro por el pasado. No se trataba, pues, de negar secamente a los mayores, sino de tomar conciencia de la necesidad de caminar hacia delante y fabricar el porvenir. «Machado es, entre otras cosas, una figura moral, un referente que no ha dejado nunca de serlo en todos estos años: fue fiel a su ideal republicano, que compartió con Pérez de Ayala y Marañón. Junto a su obra literaria, su entereza hasta el final es un ejemplo», añade. Cuando se le pregunta qué influencia ha ejercido la poesía machadiana sobre su propia obra, Lamillar no lo duda: «Creo que sobre todo está presente la melancolía de sus primeros versos, de los poemas de Soledades. Ese Machado intimista, capaz de crear símbolos a partir de la tarde o de la fuente, ha influido mucho en todas las generaciones posteriores», explica. Posteriormente, Machado iría desarrollando a partir de su poesía un discurso cívico rotundo, a menudo vehemente, que queda fijado en los citados Proverbios y cantares y que «profundiza definitivamente en esos heterónimos que lo acercan a Pessoa, especialmente en el Juan de Mairena, que es ante todo una obra de pensamiento y crítica», subraya. Sobre la necesidad de reivindicar a Machado, Lamillar se muestra lógicamente favorable, pero sin excesos: «Por suerte, junto con Lorca y Juan Ramón, es de los pocos poetas que cuentan con ediciones, antologías y estudios constantes. Siempre ha habido atención hacia ellos», concluye. El poema elegido:  El mañana efímero La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, de espíritu burlón y alma inquieta, ha de tener su mármol y su día, su infalible mañana y su poeta. En vano ayer engendrará un mañana vacío y por ventura pasajero. Será un joven lechuzo y tarambana, un sayón con hechuras de bolero, a la moda de Francia realista un poco al uso de París pagano y al estilo de España especialista en el vicio al alcance de la mano. Esa España inferior que ora y bosteza, vieja y tahúr, zaragatera y triste; esa España inferior que ora y embiste, cuando se digna usar la cabeza, aún tendrá luengo parto de varones amantes de sagradas tradiciones y de sagradas formas y maneras; florecerán las barbas apostólicas, y otras calvas en otras calaveras brillarán, venerables y católicas. El vano ayer engendrará un mañana vacío y ¡por ventura! pasajero, la sombra de un lechuzo tarambana, de un sayón con hechuras de bolero; el vacuo ayer dará un mañana huero. Como la náusea de un borracho ahíto de vino malo, un rojo sol corona de heces turbias las cumbres de granito; hay un mañana estomagante escrito en la tarde pragmática y dulzona. Mas otra España nace, la España del cincel y de la maza, con esa eterna juventud que se hace del pasado macizo de la raza. Una España implacable y redentora, España que alborea con un hacha en la mano vengadora, España de la rabia y de la idea.

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