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Cultura

Las musas estaban en Triana

Uno de los mejores poetas cubanos vivos reside en Triana y acaba de sacar nuevo libro. José Pérez Olivares (Santiago de Cuba, 1949) regresa después de un largo periodo sin publicar con Los poemas del rey David, que acaba de ver la luz en el sello jerezano Tierra de Nadie. Foto: Paco Cazalla

el 15 sep 2009 / 20:19 h.

Uno de los mejores poetas cubanos vivos reside en Triana y acaba de sacar nuevo libro. José Pérez Olivares (Santiago de Cuba, 1949) regresa después de un largo periodo sin publicar con Los poemas del rey David, que acaba de ver la luz en el sello jerezano Tierra de Nadie.

Casi diez años han pasado desde que Renacimiento publicara su último libro, Háblame de las ciudades perdidas, pero el silencio editorial no anuló al poeta. Se trataba, según él mismo explica, de un periodo de aclimatación desde que se afincó en España. "Todo cambio de atmósfera, para un escritor, suele ser traumático. Volver a recuperar mi condición de poeta me ha llevado cierto tiempo, porque había dejado detrás todos los hilos que entretejían los asuntos de mis poemas. Pero sería falso decir que sigo siendo el mismo escritor cubano de otra época. Un libro como éste sólo lo pude sentir y escribir aquí", asegura Pérez Olivares.

Poseedor de premios como el Rafael Alberti, el Renacimiento o el Gil de Biedma, en su obra siempre se entreveran el presente y la Historia, la propia vivencia y el arte, ya se trate de libros, pintura -otro de sus oficios- o cine. Y todo ello permanece en Los poemas del rey David. "Creo que la mirada persiste, pero los temas han ido transformándose. En mi nuevo libro la música -y no me refiero a la eufonía de las palabras, sino a los que la ejecutan, Rachmaninov y Mahler por ejemplo- tienen un lugar en mis reflexiones. También el cine: hay un personaje cinematográfico que se reitera en una zona de mi poesía, y ese Antoine Doinel de Los 400 golpes, de Truffaut, que soy yo mismo", agrega.

Santiaguero de nacimiento, José Pérez Olivares se trasladó a La Habana y ejerció allí como profesor, viviendo después en Guanabacoa. Y hace unos años decidió vivir en Triana. ¿Qué ha ganado y perdido su poesía con la mudanza? "Triana es demasiado sevillana como para que yo pueda haberla asimilado totalmente", casi se disculpa. "Triana es, en cierto sentido, la Guanabacoa que he dejado atrás. Y Guanabacoa pudiera ser, quizás, una especie de Triana que me estaba aguardando a la vuelta de los años. Te respondo con un verso de Neruda: 'Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos'. Si he ganado o perdido, el tiempo lo dirá", afirma.

En medio de ese vaivén, Pérez Olivares tiene también una perspectiva privilegiada que le permite valorar con propiedad el estado actual de las poesías española y cubana. "Son perspectivas inversas: en Cuba se busca ahora lo que los novísimos se propusieron, y aquí -por lo que he visto- hay como una vuelta al lenguaje coloquial y muchas veces antipoético del que abusamos hasta la saciedad durante los años 60. Yo respeto en los poetas su manera de entender la poesía, pero la antipoesía, como estética, no da para mucho, al final hay que dar marcha atrás después de los primeros libros, a no ser que al autor le guste repetirse. Si me preguntas qué poetas españoles prefiero, mi respuesta está, en parte, en la antología que hice hace algunos años y que se vendió en Cuba", dice refiriéndose a El hacha y la rosa (Renacimiento, 2000), donde seleccionó a nombres como Panero, Gimferrer, De Cuenca, Colinas, Marzal, De Villena, Juaristi, Linares, o Tortajada, entre otros.

Por último, cuando se le plantea si existe la autocensura en poesía, dice que "existe, como la culpa", y a la pregunta de qué tema no llevaría nunca a un poema, responde: "Los temas políticos, ni me interesan ni sé reflejarlos. Eso no quiere decir que no haga alusiones a la realidad, o que la realidad de mi país esté ausente en mi poesía. Sería absurdo negarlo", concluye.

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