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Observatorio taurino

Ya tenemos carteles...

Pagés ha cumplido con su parte alumbrando una interesante combinación de toros y toreros que permanece sujeta al desarrollo de la pandemia y la decisión de las autoridades

15 mar 2021 / 13:12 h - Actualizado: 15 mar 2021 / 13:15 h.
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Dudas e ilusiones

Hasta los últimos días persistían las dudas en torno a la puesta de largo de unos carteles que se habían aireado por los conductos habituales. Ya se conocían de sobra las combinaciones de esta presunta temporada pero había un indudable interés por conocer de boca del empresario, Ramón Valencia, los entresijos de la gestación de este abono excepcional y las posibilidades reales de celebración. Los carteles se presentaron el pasado viernes en un acto denso, restringido a los medios especializados, que había estado prologado de la presentación –chafada por una filtración anterior- del cuadro vanguardista de Julian Schnabel que servirá para timbrar localidades, programas y toda la cartelería que sigue pendiente de un hilo finísimo. En cualquier caso hay que reconocer que Valencia ha cumplido su parte. Si no hubiera montado los carteles y se hubiera limitado a esperar a tiempos mejores lo habrían asado. ¿O no?

Mensajitos de la autoridad

Pero el asunto no será fácil. Ese mismo día se habían producido algunos toques de atención desde la Junta a determinados periodistas taurinos mostrando cierta preocupación por la sucesión de acontecimientos. Pudimos saber que, en cierto despacho oficial, ya se había sugerido a Valencia la posibilidad de ir pensando en un plan B de cara al otoño atendiendo a la tozudez de los datos y su evolución estadística. Pero el gerente de la empresa Pagés, en cualquier caso, no iba de farol y compareció el viernes acompañado de Pedro Rodríguez Tamayo, el número 2 de Pagés, con sincera seguridad explicando que aquello “no era ninguna pantomima”.

Eso sí. Don Ramón volvió a subrayar la línea roja que no se podrá traspasar para celebrar los festejos programados: ese 50% del aforo necesario para cuadrar las cuentas del espectáculo. En Extremadura ya es posible y en el caso sevillano, traducido a cifras, se trataría de poner a la venta poco más de 5.000 localidades alternas para adecuar una mínima distancia de seguridad de asiento a asiento. Con las medidas en vigor estaríamos hablando de en torno a 1.500 entradas válidas que no compensarían a la empresa, a los toreros ni a la necesaria imagen del espectáculo.

El asunto de los abonados

Este mismo lunes ha comenzado el plazo de renovación de abonos que certifica que la maquinaria logística de Pagés está en marcha. Pero hay que hablar, precisamente, de los abonados. Había un lógico malestar en torno a la obligatoriedad de adquirir los títulos disponibles –los que no se pusieran a la venta quedaban “confinados” según palabras del propio Ramón Valencia- para mantener los derechos en años venideros. La redacción de la carta que recibió la clientela de Pagés era tajante en este aspecto, demasiado radical. Y las caras del personal, un poema...

Ya tenemos carteles...

El empresario fue preguntado por esa cuestión en la rueda de prensa del viernes aclarando –hablando se entiende la gente- que la actual reglamentación había sido un obstáculo para haber orquestado un plan diferente. Debía haberlo explicado mejor en un principio aunque nunca es tarde si la dicha es buena. Valencia aseguró que se tendrían en cuenta los “casos particulares”. Mejor así.

Toca esperar

Aquel acto del viernes –en Sevilla se adelantaba la primavera un año después del comienzo de esta pesadilla- también sirvió para escenificar la aparente sintonía de las autoridades de la Junta de Andalucía con la empresa Pagés. La cordialidad y diplomacia del delegado Ricardo Sánchez, que goza del don de la ubicuidad, es un activo importante en estos tiempos de tribulaciones. Se agradece su presencia reiterada, por más que trasciendan dudas y reticencias. La presentación del cuadro de Schnabel ya había sido una primera toma de contacto pública antes de la oficialización de los carteles. Aquel acto, que también contó con el concurso de Miguel Briones, director general de Interior, sirvió para dejar claras las posturas de la empresa y la administración. Nadie se llama a engaño pero todo depende del dudoso bichito. Ahora sabemos que la fecha del 8 ó 9 de abril podría convertirse en el punto de no retorno para saber si habrá toros en primavera.

A partir de ahí, Valencia negó cualquier plan B pero sí dejó abiertas un par de puertas que podrían arreglar, en su caso, los platos rotos. La primera es que la suspensión de los festejos de primavera no arrastrará a los de cuatro previstos en otoño que podrían ampliarse en función de las circunstancias. Ya veremos qué pasa pero hay que recalcar una idea: es la del tremendo valor simbólico que tendría la reactivación taurina de la plaza de la Maestranza. Tenemos ganas de toros, de recuperar esas parcelas de afectos que hacen que la vida cotidiana sea algo más que una sucesión de tareas y un ejercicio de profilaxis. Pero todo está por ver.

Y mientras contemplamos la deriva de los acontecimientos –habrá que esperar hasta después de la Semana Santa para tener noticias concluyentes- la temporada ya ha echado a andar con la celebración de los dos festejos rezagados de la llamada Gira de Reconstrucción, que necesitaría dar la vuelta como un calcetín en su próxima edición. En la retina se han quedado los trasteos que han dictado Pablo Aguado y David de Miranda en la placita de Ubrique con las cámaras de televisión en directo. Parece que habrá continuidad con esta iniciativa que debe poner el objetivo en las bases del toreo. La imagen que han dado algunas figuras toreando en plazas desoladas no siempre ha sido la más positiva. Convendría tenerlo en cuenta.


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